6 - Voluntas ut ratio, voluntas ut natura
Decíamos que, a la sensibilidad, que es un tipo de conocimiento, sigue un
tipo de reacción, que son, las pasiones, los afectos; yo conozco, yo tiendo.
Eso les pasa a los animales. Yo percibo un olor, tengo hambre, me apetece,
tengo deseos, se me suscitan deseos, eso es en el ámbito de la sensibilidad, de
la afectividad, de la psicología animal, que nosotros compartimos. Por ejemplo,
al oler el pan, puede despertarme el hambre, el deseo de comer. Aunque me daré
cuenta con la inteligencia, analizaré eso y lo pensaré en otro estrato. Bien,
exactamente es lo que nos interesa.
La inteligencia, que es también un conocimiento, está unida, a otro
nivel, a una inclinación; que es lo propio de la voluntad. La voluntad es un
universo, y, además, es interesante entenderlo bien, porque ahí se juegan
aspectos importantísimos de la persona.
Llamamos voluntad a la capacidad de tender racionalmente. O, la capacidad
racional de tender.
Voluntad:
capacidad de tender racionalmente
Las pasiones, o la afectividad
animal, que compartimos, es una especie de inclinación espontanea. Que sentimos
como un impulso, que nos llega por dentro.
Las pasiones, que compartimos con los animales, son una reacción
espontánea a un estímulo
Pero aquí, es, una tendencia
dentro de la inteligencia.
La voluntad marca una tendencia dentro de la inteligencia
Y se pueden distinguir dos
ámbitos:
En primer lugar, nosotros
ya tenemos una especie de inclinaciones de fábrica, inclinaciones naturales,
espontaneas, que luego se van enriqueciendo y se van desarrollando.
Por nuestra propia naturaleza tenemos ya ciertas tendencias
O sea, las cosas conocidas no me son indiferentes, yo tengo
unos amores, unas inclinaciones ya dentro. Por ejemplo, toda persona, por vago
que sea, tiene un deseo de la felicidad; un deseo de realización; un deseo de
ser amado; quizá necesita un poquito de experiencia de lo bueno que es esto.
Pero, vamos, es casi espontáneo. Y, digamos que, son inclinaciones que ya están
allí, ya las tenemos, están presentes. Y, en cuanto algo se pone en juego; si
yo en algo percibo que allí me juego la felicidad, tiendo a eso. Si en algo
percibo que me van a querer, es una cosa que yo deseo, es inevitable, el bien
es deseable. Esto es, ¿Cómo es nuestra voluntad?, ¿cuál es la naturaleza de la
voluntad?
Por eso, con un lenguaje clásico, se llamaba a este aspecto
de la voluntad: “Voluntas ut Natura”
– La voluntad como naturaleza o también, la naturaleza de la voluntad.
“Voluntas ut Natura” – La voluntad como naturaleza
La naturaleza de la voluntad, es
que ella tiende espontáneamente a algunas cosas. Es importante, la palabra
espontáneamente. Uno podría preguntarse ¿tiende libremente? No,
espontáneamente.
O sea, una persona que haya
descubierto lo bonita que es la música, por supuesto que tiene una inclinación
a la música, y ¿es una inclinación voluntaria?, es voluntaria en el sentido de
que forma parte de mis inclinaciones naturales, e inteligente, de manera que
está en la voluntad; pero al mismo tiempo es espontanea, porque ante cualquier
cosa de la música yo tenderé a eso. Ahora, ¿es libre? NO, no es libre. Es
espontánea. Es voluntaria, en algún sentido, porque forma parte de la voluntad;
pero es espontanea.
¡En cambio, atención! Hay otra
inclinación de la voluntad, Nosotros también nos inclinamos
“inteligentemente” por algo, en ese sentido, es una inclinación de la voluntad.
Nosotros también nos inclinamos “inteligentemente” por algo
Y, ¿cómo sucede eso?, nos
inclinamos pensando, que es el acto deliberado. Yo, delibero; yo pienso, y,
digo, no, quiero esto. Y, ¿por qué quiero esto?, porque voy hacer esto. Es
decir, yo he pensado y me he inclinado. Ese amor que yo tengo por la música, es
una inclinación que ya está, pero, sin embargo, hoy puedo pensar, sí, me gusta
mucho la música, ¿qué voy hacer esta tarde?, y yo, delibero. Y ahí, en esa
deliberación, que es un ejercicio de la inteligencia. Donde yo, voy pensando,
como voy hacer las cosas. Aparece el acto libre. A lo primero, que es la
tendencia general, los amores que yo tengo, y, sobre todo, aquellos amores
primeros, a la felicidad, etc.; se llama “Voluntas
ut Natura” – la naturaleza de la voluntad que, tiende al bien reconocido.
Y en cambio, esta es la inclinación
que yo mismo organizo, que yo provoco. Cuando digo, no, esta tarde voy hacer
esto, es mi decisión. Esto es el acto libre. Y, se le llama en sentido clásico,
la voluntad como razón, “Voluntas ut Ratio”.
“Voluntas ut Ratio”: la voluntad como razón
Porque, es una mezcla de afecto o
de inclinación y de inteligencia. Se puede describir, como decía santo Tomás,
como una inteligencia, que tiende inteligentemente a algo. O como, una voluntad
inteligente, porque es un querer inteligente, es un querer donde está metida la
razón. Porque ha pensado lo que va hacer, que es lo que quiere y, por qué
quiere lo que quiere. Y, se ha dado cuenta que lo quiere por…
Por qué lo quiero organizar así
esta tarde, porque quiero oír música esta tarde. He tomado estas decisiones,
porque quiero oír música. Y, está una razón, metida ahí, esto es lo propio de
la voluntad. Es decir, tenemos unas inclinaciones, que se van como anidando en
nosotros, inteligentemente, porque hemos descubierto el bien, en algo, es
decir, ¡qué bonita es la música, que maravilla! Ya se ha anidado en mi alma,
vamos a decirlo así. Ya forma parte de mi voluntad permanente, voluntas ut
natura, yo ya tengo una inclinación a la música, y lo mismo, hay personas que
amamos muchas. De tal manera que, en una persona se forma como un espectro
interior, de todas las inclinaciones que tenemos. Un espectro riquísimo, por
debajo de ese espectro, que es el de la voluntad, por supuesto está, el
espectro, vamos a decir, el espectro instintivo y el espectro espontaneo de la sensibilidad,
de la afectividad, que compartimos con los animales. También tenemos hambre;
también tenemos inclinaciones por el miedo; por tantas cosas; por el sexo, por
ejemplo. Tantas cosas que compartimos con los animales.
Todas las inclinaciones, tanto naturales como razonables, generan un
espectro interior riquísimo en la propia personalidad
Son inclinaciones, espontaneas
que tenemos, por ejemplo, el instinto de supervivencia animal que tenemos
dentro, que a veces se manifiesta en situaciones de mucho peligro, ¡podemos
perder la cabeza! ¿no? Bien, todo esto lo tenemos anidado; y encima, todos esos
amores adquiridos, afectos. Todo esto forma parte de nuestra personalidad. Muy
interesante. Diríamos es la parte más definitiva de la personalidad. A veces,
un poco oscura, porque nosotros sí que sabemos que nos gusta la música, pero no
sabemos con qué intensidad, todas las cosas que tenemos ahí almacenadas. No nos
es muy evidente. Lo sabemos en parte, porque sabemos más o menos qué es lo que
nos gusta, pero cómo es exactamente todo eso. No es, muy evidente. Y, sin
embargo, todo eso opera muchísimo en la personalidad, porque son inclinaciones
permanentes. De tal manera que, cuando una persona, está pensando, está
deliberando, que es lo propio del acto libre, que ya estudiaremos, claro, eso
como nos afecta, hay reacciones de todo este mundo, que tenemos por dentro. Y
puede haber reacciones de pereza, o puede haber reacciones de entusiasmo, o
puede haber reacciones concentradas.
Me puede apetecer, comerme un
pastel, porque lo veo muy apetitoso y al mismo tiempo recuerdo que no quiero
ganar peso y que tengo que cuidarme y, que no debo comer; hay un conflicto, porque yo realmente, no quiero engordar y, por
tanto, eso, lo he asumido, forma parte de mí y, es un querer que yo tengo.
Tengo ese querer, pero también me gusta el pastel. Entonces, “conflicto”, que son propios de la afectividad.
Claro, todo este mundo, opera.
Cuando a veces se piensa en la libertad, como una cosa autónoma; será autónoma
respecto a otros, a veces. Pero, desde luego que no es autónoma a todo este
espectro que tenemos por debajo. Que es importantísimo, todo esto se mueve. De
tal manera que la conducta de una persona, depende totalmente de los amores que
tiene.
La conducta de una persona, depende totalmente de los amores interiores
La inteligencia, en cierta
manera, curiosamente es débil, porque es capaz de pensar, pero si no hay amores
que se muevan, es muy difícil de ejecutar. Yo puedo decir, que para mí, es
buenísimo esto, ¿pero cómo consigo vencer la pereza?, o, ¿cómo consigo vencer
otra pasión?, por ejemplo, si yo tengo una afición loca por el alcohol, que no
tengo gracias a Dios, pero si la tuviera, podría llegar a la conclusión de que
no me viene bien, evidentemente no me viene bien, y, ¿cómo consigo vencerlo?,
porque por mucho que me dé cuenta que no me viene bien, estoy seguro, y yo me
amo a mí mismo y, no quiero hacerme daño, sin embargo, aquello tiene tanta
fuerza dentro de mí mismo, que no consigo superar esto.
La inteligencia es débil en cuanto que, si no hay amores que respalden
sus decisiones, es difícil que se ponga en práctica.
De tal manera, claro, la
configuración de los amores, las fuerzas que se mueve ahí dentro, para mí es
muy importante. La libertad en gran parte es, tener este mundo ordenado.
La libertad es, por tanto, tener el trasfondo de los amores internos
ordenado
Y, la inteligencia no es
suficiente. Una persona, necesita grandes amores; es también, un dato
importante en la antropología. Los clásicos decían, que, si uno quiere
liberarse de los amores inferiores, del alcohol, por ejemplo, o de otras cosas,
o de perder el tiempo (de la pereza), necesita grandes amores, sino no se
mueve.
La pura inteligencia, pensando en
abstracto, lo que tenemos que hacer, no basta. Necesitamos amores y, los
amores, se desarrollan descubriendo lo que es bueno. A veces, descubrimos las
personas que son buenas, por eso, amamos muchas personas porque nos damos
cuenta de que son buenas. Son buenas para nosotros. Quiero esta persona, y a
esta otra, son mis amigos. O pude ser mi esposa, mi esposo, mis hijos. La gente
se quiere mucho. Y se quiere mucho porque lo percibe como un bien, y, eso lo
tiene anidado en el alma; y es una inclinación le condiciona, bueno, le empuja
mucho en la vida. Una persona funciona, sobre todo, a base de grandes amores. Una
persona que ame mucho la música, quizá haga algo grande en la música. Porque le
ayudará a vencer, por ejemplo, sus perezas; le ayudará a dedicar apasionadamente
tiempo a esto; le ayudará a suscitar un esfuerzo, a lo mejor, extraordinario. Bueno,
al final, el tema de los amores, es muy importante.
De tal manera que, hemos
descripto una parte de la voluntad. Hemos visto como la voluntad tiene unos
amores permanentes e inclinaciones; la voluntad como capacidad racional de
tender. Tiene unos amores permanentes, y, tiene unas decisiones, decimos, ahora
voy a tender a esto, que es el acto libre, la decisión, el acto deliberado, la
inclinación consciente. La inclinación que yo decido. Decíamos, con esa frase
de santo Tomás, “inteligencia que tiende, o voluntad racional”, voluntad e
inclinación que está llena de inteligencia. Muy bien, esta es, una pequeña
descripción del núcleo de lo voluntario.