Acercate a confesarte con un Sacerdote... ¿Por qué?¿Dónde?



Un Dios que Reconcilia

Fuente: 

https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2015/documents/papa-francesco-cotidie_20150123_dios-reconcilia.html

Confesión - Sacramento de la Penitencia

Por medio del Bautismo Dios nos hace hijos suyos. Sin embargo no siempre nos portamos como buenos hijos de Dios. Aveces le ofendemos con nuestros pecados. Se repite entonces al pie de la letra la historia del hijo ingrato, que Jesús nos contó, y que tu conoces mediante el Evangelio de San Lucas (Lc. 15, 11 - 23. que podes encontrar en la Biblia). Es decir, cuando ofendemos a Dios, pecamos.

¿Qué es el pecado?

El pecado es toda desobediencia voluntaria a la Ley de Dios. Algunos pecados son mortales, estos son una desobediencia volutaria a la Ley de Dios en materia grave, con plena advertencia y perfecto consentimiento. Se llaman mortales, porque privan al alma de la vida de la gracia y la hacen merecedora de las penas del infierno.

Ha sido el mismo Jesús, quien por su gran amor a nosotros, nos dejó el Sacramento de la Penitencia. En él, el sacerdote de cualquier Iglesia Católica a la que tu te dirijas (a veces colocan horarios para la confesión, en otras iglesias suele ser 1 hora o 1/2 hora antes del inicio de una misa), en nombre de Dios y por medio de la Iglesia, nos perdona los pecados y nos devuelve la vida de la gracia (regalo de Dios, en algúna otra etiqueta del blog te ampliaré que significa la vida de la gracia).

Ahora te explico un poquito sobre ¿Que es esto del sacramento de la confesión?

Empecemos diciendo ¿Qué son los sacramentos?

Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Jesucristo para nuestra santificación. Pero, ¿Qué es la gracia?, la gracia es un don, un regalo, sobrenatural que Dios concede para alcanzar la vida eterna. La gracia santificante nos hace hijos de Dios y herederos del cielo.

Y ahora, nos acercamos un poco más al sacramento de la confesión. Nos preguntamos ¿Cuántos son los sacramentos?

Los sacramentos son siete:

  1. El primero, Bautismo.
  2. El segundo, Confirmación.
  3. El tercero, Penitencia (o confesión o reconciliación) 👈 ¡este es el que comentamos!
  4. El cuarto, Eucaristía
  5. El quinto, Unción de los Enfermos
  6. El sexto, Orden Sagrado
  7. El séptimo, Matrimonio

Bueno, y, ¿Qué es entonces el sacramento de la penitencia (o confesión o reconciliación)?

Este es el sacramento por el que Jesús nos perdona los pecados cometidos después del Bautismo (el primer sacramento que debes recibir, si quieres leer más sobe el bautismo en este blog tenés el Catecismo de la Iglesia Católica, aconsejo que leas allí en los puntos 1210 a 1284 y podrás tener una idea acabada sobre este sacramento tan importante para Vos).

Pero ahora, hablando del sacramento de la penitencia, acercate sin miedo,  a recibir frecuentemente este Sacramento de la Confesión o de la Reconciliación. Serás así, más amigo de Dios, recibiras, junto con el perdón de los pecados, nuevas fuerzas para seguir luchando y para vivir como un verdadero hijo de Dios en la Iglesia.

"Por la bondad misericordiosa de Dios cuantos se acercan al confesionario encuentran la alegría y la serenidad de la conciencia, que fuera de la confesión no podrás encontrar en otra parte". Juan Pablo II, Homilía 16 - XI - 80).

"¡Mirá que entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! - Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona. ¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia! - San Josemaría Escrivá de Balaguer - Camino Nº 309.

¿Cómo se hace una confesión al Sacerdote?

Recuerda estos pasos. Para confesarte bien hacen falta 5 cosas:

  1. Examen de conciencia: para recordar los pecados que cometiste. Por si acaso, te aclaro ¿qué es un pecado?. Es toda desobediencia voluntaria a la Ley de Dios. Hay pecados que se les llama "mortales", reciben este nombre cuando la desobediencia voluntaria a la Ley de Dios es: en materia grave, con plena advertencia y perfecto consentimiento. Se llaman "mortales" porque privan a tú alma de la vida de la gracia y la hace merecedora de las penas del infierno. (abajo te dejo algunas preguntas y respuestas que te amplian este punto).
  2. Dolor de los pecados: es el pesar o  la pena de haber ofendido a Dios tu Papá (Abbá).
  3. Propósito de enmienda: es decir, el propósito de no vovler a cometerlos o al menos de luchar por ser mejor.
  4. Decir los pecados al confesor (sacerdote): con gran confianza y sinceridad. Sin callar ningún pecado por temor o vergüenza. Es bueno que te confieses de los pecados veniales.
  5. Cumplir la penitencia: que te haya impuesto el sacerdote. Para evitar, que se te olvide, cúmplela cuanto antes, aún cuando no es preciso cumplirla antes de recibir la comunión (el cuerpo de cristo en la misa).

Después de haberte examinado en la presencia de Dios, te dirijes a la Iglesia en los horarios previstos, buscas el lugar donde confiesa el sacerdote y, una vez que te toque el turno,  de rodillas, dirás:

Ave María Purísima (En algunos lugares se añade: Bendígame, Padre, porque he pecado). Luego te santiguas (haces la señal de la cruz: en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo).

El sacerdote dirá: "El Señor esté en tu corazoón para que te puedas arrepentir y confesar humildemente tus pecados".

Tu puedes leer (en un papelito) o decir de memoria alguanas palabras de arrepentimiento, como las que dijo san Pedro: "Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero" (Jn 21, 17).

Luego debes decir el tiempo que hace que no te confiesas, y, a continuación, todos los pecados que recuerdes (a veces, los puedes anotar en un papelito, procura por todos los medios, que nadie lo vea, son personales, luego debes destruirlo). También procura que tu confesión sea "clara", "breve", "completa" y "muy sincera". Jamás calles algún pecado por vergüenza o por temor: debes confiar siempre en la misericordia de Dios, que es tu Papá y te ama con locura y, te perdonará.

El Sacerdote te dará algunos consejos y te impondrá la penitencia. 

Tú manifestarás tu arrepentimiento con alguanas palabras de contrición, por ejemplo: "Señor Jesús, Hijo de Dios, ten compasión de mí, que soy pecador"; o también:

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí, pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido; y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

El sacerdote da la absolución, del siguiente modo: Dios, Padre misericordioso, que reconcilió al mundo por la Muerte y la Resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados + "en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo".

Tu respondes: Amén.

El Sacerdote dirá: La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna. Vete en Paz.

Después, debes cumplir la penitencia que te hayan impuesto. Es conveniente que lo hagas lo antes posible. No es preciso cumplir la penitencia antes de comulgar (recibir en la misa, el Santísimo Cuerpo de Cristo). Puede hacere después.

Oración para después de haberte confesado

No dejes de darle gracias al Señor por haberte pedonado por primera vez o las veces innumeralebles que lleves pecando y confesándote (no te cances de hacerlo, ...recordá que siempre, siempre salís ganando; Dios se deja ganar. Dios siempre te perdona y siempre estará esperando que busques la reconciliación, cada vez que te tropieces). Dios es Tú Padre!

Te doy gracias, Dios mío, por haberme perdonado mis pecados y recibido de nuevo en tu amistad. Te pido, por los méritos de tu Hijo Jesucristo y de su Madre Santísima, la Virgen María y de todos los Santos, suplas con tu piedad y misericordia cuanto por mi miseria haya faltado a esta confesión de suficiente contrición, pureza o integridad. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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EXAMEN DE CONCIENCIA

Te ayudará a hacer bien la Confesión leer despacio las preguntas que van a continuación. Puedes hacer también el examen por tu cuenta, recordando con sinceridad, delante de Dios, lo que has hecho después de tu última confesión.

Oración antes del examen

¡Señor mío y Dios mío!, creo firmemente que estás aquí. Te pido la gracia de examinar sinceramente y conocer con verdad mi conciencia descubriendo todos mis pecados y miserias, dame fortaleza de confesarlos con toda fidelidad y verdad para merecer ahora tu perdón y la gracia de la perseverancia final. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Examen de Conciencia (mayores)

1er mandamiento - Amarás a Dios sobre todas las cosas.

  • ¿He hecho con desgana las cosas que se refieren a Dios?
  • ¿Pongo interés en mi formación cristiana, poniendo los medios para conocer cada día mejor al Señor? ¿Aprovecho bien las clases de religión?
  • ¿Me preocupo de influir – con naturalidad y sin respetos humanos – para hacer más cristiano el ambiente de mis amigos y fuera del ámbito del trabajo (laboral o de estudio)? ¿Se defender a Cristo, a la doctrina de la Iglesia o lo que me dice mi conciencia?
  • ¿Me esfuerzo por hacer lo mejor posible, con atención cada día los actos de piedad que me he propuesto; oraciones al levantarme y al acostarme, el Ángelus, ¿la visita a Jesús en Sagrario?
  • ¿He comulgado alguna vez en pecado mortal? ¿He ido a comulgar distraído, o sin estar bien preparado? ¿He guardado el ayuno al comulgar?
  • ¿He abandonado los medios que son por sí mimos absolutamente necesarios para la salvación? ¿He abandonado el trato con Dios en la oración y en los sacramentos?


2do mandamiento - No tomarás el nombre de Dios en vano.

  • ¿Me esfuerzo por cumplir los propósitos o promesas que hago a Dios?
  • Cuando participo en el rezo de alguna oración (Ángelus, Bendición de la mesa, etc.), junto con otros ¿Rezo siempre con la debida atención y reverencia?
  • ¿Ofendo el nombre de Dios con blasfemias, falsos juramentos o usando mal le nombre de la Virgen María, de los santos o de la Iglesia?
  • ¿Me he portado mal dentro de la Iglesia hablando, comiendo, molestando, y he sido culpable de que otros hagan lo mismo?


3er mandamiento - Santificarás las fiestas.

  • ¿He faltado algún domingo o fiesta de precepto a la Santa Misa?
  • ¿He llegado tan tarde que no he cumplido el precepto?
  • ¿Participo activamente de la Santa Misa? ¿He guardado el ayuno una hora antes del momento de comulgar?
  • Si he tenido la desgracia de cometer un pecado mortal, ¿me he confesado lo antes posible?
  • ¿Me confieso con frecuencia, preparando bien la confesión?
  • ¿Me olvidé o callé algún pecado grave en las confesiones anteriores?
  • ¿Cumplí la penitencia que me fue impuesta? ¿He hecho penitencia por mis pecados?
  • ¿He comulgado con frecuencia para ser más amigo de Dios y tener fuerzas para no ofenderle? Al menos, ¿he recibido la Comunión en el tiempo establecido para cumplir con el precepto pascual?
  • ¿Cumplo - si tengo edad – lo establecido por la Iglesia, sobre ayunos y abstinencias?


4to mandamiento - Honrarás a tu padre y a tu madre.

  • ¿He obedecido siempre con prontitud y alegría a mis padres y profesores y otras personas mayores?
  • ¿Le he dado algún disgusto grande o les he tratado con poco respeto o cariño?
  • ¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida de familia?
  • ¿Ante las indicaciones que me hacen, reacciono mal, con soberbia, por un desordenado afán de independencia?
  • ¿Les ayudo en las tareas de la casa con prontitud y agrado?
  • ¿Me enfado y peleo con mis hermanos y compañeros? ¿Soy egoísta y me duele prestar mis cosas o mi tiempo?

Padres:

  • ¿He dado mal ejemplo a mis hijos, no cumpliendo con mis deberes religiosos, familiares o profesionales? ¿Les he entristecido con mi conducta?
  • ¿He corregido a mis hijos en sus defectos o se los he dejado pasar por comodidad? ¿Lo he hecho con justicia y por amor a ellos, o me dejo llevar por motivos egoístas: porque me molestan, o porque me dejan mal, ¿o porque me interrumpen?
  • ¿He abusado de mi autoridad y ascendiente forzando a mi familia a recibir sacramentos, sin pensar que por vergüenza o por excusa humana, podrían hacerlo sin las debidas disposiciones?
  • ¿He impedido que mis hijos sigan su vocación profesional? ¿O, en su caso, el llamado de Dios a su servicio? ¿Les he puesto obstáculos o les he aconsejado mal?
  • ¿Permito que trabajen o estudien en lugares donde corre peligro su alma o su cuerpo? ¿He descuidado la natural vigilancia en las reuniones de chicos y chicas que se tengan en casa evitando dejarlos solos? ¿Soy prudente a la hora de orientar sus diversiones? ¿Me preocupo que los programas de televisión y las películas que ven sean morales de acuerdo con la doctrina cristiana?
  • ¿Sacrifico mis gustos, caprichos y diversiones para cumplir con mi deber de dedicación a la familia?
  • ¿Procuro hacerme amigo de mis hijos? ¿He sabido crear un clima de familiaridad evitando la desconfianza y los modos que impiden la legítima libertad de los hijos?
  • ¿Doy a conocer a mis hijos el origen de la vida, de un modo gradual, acomodándome a su mentalidad y capacidad de comprender, anticipadamente a su natural curiosidad?
  • ¿Evito los conflictos con los hijos quitando importancia a las pequeñeces que se superan con un poco de perspectiva y sentido del humor?
  • ¿Hago lo posible por vencer la rutina en el cariño a mi esposo (a) ¿Ha habido malos tratos de palabras o de obras? ¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge?


5to mandamiento - No matarás.

  • ¿He hecho daño a otros con palabras o con obras? ¿Procuro evitar enemistades, odio o rencor?
  • ¿Evito que las diferencias de gustos, de equipos, sociales, etc., degeneren en indisposiciones, malquerencia, u odio hacia alguien?
  • ¿He hecho sufrir a los demás con burlas o les he molestado en su trabajo o en su descanso? ¿Me dejo dominar por la envidia?
  • ¿He sido culpable de que otros se porten mal, incitándoles a pecar con mis palabras o con mi mal ejemplo, mi modo de vestir, mi asistencia a algún espectáculo o con el préstamo de algún libro o revista? ¿He tratado de reparar el escándalo?
  • ¿He ayudado a los demás en todo lo que puedo: en el estudio, juegos, ¿vida de piedad?
  • Si alguien me ofendió, ¿he ofrecido la paz y el perdón por amor de Cristo, o mantengo deseos de odio o venganza?
  • Si ofendí a alguien, ¿le he pedido perdón y tratado de reparar el daño que pueda haber causado?
  • ¿He descuidado mi salud? ¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿Me dejado dominar por la gula, es decir, por el placer de comer y beber más de lo razonable?
  • ¿He sido imprudente en la conducción de vehículos?
  • ¿He llegado a herir o quitar la vida al prójimo?
  • ¿He practicado o colaborado en la realización de algún aborto?
  • ¿He inducido a alguien a abortar, sabiendo que constituye un pecado gravísimo que lleva consigo a la excomunión?
  • ¿He contribuido a adelantar la muerte a algún enfermo con pretextos de evitar sufrimientos o sacrificios, sabiendo que la eutanasia es un homicidio?
  • ¿Me he preocupado del bien del prójimo, avisándole del peligro material o espiritual en que se encuentra o corrigiéndole como pide la caridad cristiana?


6to mandamiento - No cometerás actos impuros y 9no mandamiento - No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

  • ¿Me he entretenido con pensamientos, lecturas o miradas impuras? ¿He asistido a diversiones que me ponían en ocasión próxima de pecar? (ciertos bailes, cines o espectáculos inmorales o compañías).
  • ¿He cometido alguna acción impura, yo solo o con otra persona? ¿Del mismo o distinto sexo? ¿Hice algo para impedir las consecuencias de esas relaciones?
  • ¿He tenido conversaciones sobre cosas deshonestas?
  • ¿Guardo los detalles del pudor y modestia que son defensa de la pureza?
  • ¿Acudo con prontitud a la Virgen Santísima, cuando me siento tentado en esta materia?
  • ¿En el uso de los medios informáticos o internet, he perdido el tiempo? ¿Me he dejado llevar por la curiosidad viendo sitios que ofenden la dignidad de la persona o a Dios?
  • En el noviazgo, ¿es el amor verdadero su razón fundamental?
  • ¿Vivo el constante y alegre sacrificio de no convertir el cariño en ocasión de pecado? ¿Degrado el amor humano confundiéndolo con el egoísmo y con el placer? ¿Me acerco con más frecuencia a la confesión durante el noviazgo para tener más gracia de Dios?

Esposos:

  • ¿He usado indebidamente el matrimonio? ¿He negado su derecho al otro cónyuge? ¿He faltado a la fidelidad conyugal con deseos u obras?
  • ¿He usado preservativos o tomado fármacos para evitar los hijos? ¿He inducido a otras personas a que los tomen? ¿He influido de alguna manera – consejos, bromas o actitudes – en crear un ambiente antinatalista?
  • ¿Hago uso del matrimonio solamente en aquellos días en que no puede haber descendencia sin razones graves?

7mo mandamiento - No robarás y 10mo mandamiento - No codiciarás los bienes ajenos.

  • ¿Devuelvo lo que me prestan (libros, objetos, dinero)?
  • ¿He robado algún objeto o alguna cantidad de dinero? ¿He reparado ya o restituido lo robado pudiendo hacerlo?
  • ¿He perjudicado a otros con engaños o haciendo trampas?
  • ¿Gasto demasiado dinero en caprichos innecesarios que me lleva a exigir más mis padres o mi cónyuge?
  • ¿Soy generoso con mi dinero haciendo limosnas a las personas necesitadas o contribuyendo a las colectas?
  • ¿Me entristezco con envidia cuando los demás tienen cosas que yo no tengo?
  • ¿Rindo en el trabajo y en el estudio o por el contrario, lo abandono con facilidad por pereza o comodidad?
  • ¿He descuidado mi trabajo, faltando a la justicia en cosas importantes? ¿Estoy dispuesto a reparar el daño que se haya seguido de mi negligencia?
  • ¿Procuro acabar bien mi trabajo pensando que a Dios no se le debe ofrecer cosas mal hechas? ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes? ¿Retraso con frecuencia el momento de ponerme a trabajar?
  • ¿He dejado de dar lo conveniente para ayudar a la Iglesia? ¿Hago limosna según mi posición económica?
  • ¿He llevado con sentido cristiano la carencia de cosas superfluas o, incluso necesarias?
  • ¿He pagado los impuestos que son de Justicia? ¿Cumplo los deberes sociales, v. gr., pago de seguros sociales, con mis empleados?
  • ¿Procuro evitar desde el cargo que ocupo en la sociedad, las injusticias, escándalos, hurtos, fraudes y demás abusos que dañan la convivencia social?
  • ¿He prestado mi apoyo a programas inmorales y anticristianos de acción social y política?

8vo mandamiento - No darás falso testimonio ni mentirás.

  • ¿He dicho siempre la verdad a mis padres, profesores, compañeros, cónyuge y hermanos?
  • ¿He acusado a los demás sin motivo? ¿Le he echado la culpa de lo que yo había hecho mal?
  • ¿He sido desleal, hablando mal de otras personas en su ausencia? ¿He descubierto algún secreto?
  • ¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿Los he comunicado a toras personas? ¿He rectificado ese juicio inexacto?
  • ¿He hablado mal de otros por frivolidad, envidia, o por dejarme llevar del mal humor? ¿Lo he hablado mal de otros – personas o instituciones – con el único fundamento de que “me contaron” o de que “se dice por ahí”? Es decir, ¿he cooperado de esta manera a la calumnia y a la murmuración?
  • Antes de asistir a un espectáculo o de leer un libro ¿me entero de su clasificación moral? ¿Me doy cuenta de que nunca es lícito ofender a Dios, tampoco con el pretexto de estar al día o de que todos los demás lo han hecho?
  • ¿He cumplido siempre la palabra dada o me he vuelto atrás en mis compromisos?
  • ¿Me he preocupado de influir – con naturalidad y sin respetos humanos – para hacer más cristiano el ambiente de mis amigos y fuera del colegio? ¿Se defender a Cristo, a la doctrina de la Iglesia o lo que me dice la conciencia?


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Para pensar en tú examen de conciencia

¿Qué es un vicio?

Vicio es una inclinación al pecado adquirida por la repeticion de actos malos. Y, ¿por qué se forman estos vicios?. Bueno, podriamos decir, nuestra naturaleza humana es frágil y débil, e inclinada al pecado. Te recomiendo leer más adelante en este mismo texto, el comentario del capítulo 7, 23 de la Carta de San Pablo a los Romanos. El explica mejor, la naturaleza humana y esta inclinación que tenemos.

Algunos pecados les llamamos Capitales ¿Cuáles son?

Los pecados capitales son:

  1. Soberbia
  2. Pereza
  3. Lujuria
  4. Gula
  5. Avaricia
  6. Envidia
  7. Ira

y a cada uno de estos pecados, le corresponde en el mismo orden, una virtud (que es una disposición permanente del alma para obrar el bien), en la confesión, Jesús te perdona los pecados y ayuda disponer el alma a practicar estas:

  1. Humildad
  2. Diligencia
  3. Castidad
  4. Templanza
  5. Generocidad
  6. Caridad
  7. Paciencia

¿Cuántos son los enemigos del alma?

Los enemigos del alma son tres:

  1. El mundo, (por eso, tú, debes vivir en el mundo sin ser del mundo).
  2. El demonio.
  3. La Carne.

¿Cuál es el remedio del pecado?

El remedio del pecado es la gracia de Dios por los méritos de Jesucristo, que nos concede por la oración y los sacramentos, y con la cual debemos cooperar nosotros mediante nuestras buenas obras.

Fuente: Devocionario - Librería Logos - 1er Edición: Octubre de 2007. Argentina.


Lucha Interior 

Te advierto que habrá siempre un lucha interior. Quiero dejarte aquí un fragmento de la Carta que escribió San Pablo en el año 57 - 58 d.c. desde Corinto a los Romanos con el fin de preparar su llegada a la capital del Imperio. Fijate lo que dice el Nuevo Testamento en Romanos 7, 14 -25, respecto del pecado y de esa lucha interior que experimentamos todos. Luego te dejaré un comentario al texto de San Pablo, realizado en la Biblia de Navarra, tomado del Catecismo de la Iglesia Católica y, de San Juan Crisóstomo, In Romanos, 11,1.  al capítulo 7, versículo 23.

Capítulo 7

La ley, el yo y el pecado - Lucha interior

14 Pues sabemos que la ley es espiritual, mientras que yo soy carnal, vendido al poder del pecado.

15 En efecto, no entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco;

16 y si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con que la ley es buena.

17 Ahora bien, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí.

18 Pues sé que lo bueno no habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no.

19 Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo.

20 Y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mí.

21 Así, pues, descubro la siguiente ley: yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal.

22 En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios;

23 pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros.

24 ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor!

25 Así pues, yo mismo sirvo con la razón a la ley de Dios y con la carne a la ley del pecado.

Comentario realizado en la Biblia de Navarra, tomado del Catecismo de la Iglesia Católica y, de San Juan Crisóstomo, In Romanos, 11,1. a Romanos 7, 23.

La expresión "ley del pecado que está en mis miembros", subraya la personal fragilidad que experimenta el hombre. "La vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1426). La gracia santificante nos perdona los pecados. Nos hace intrínsecamente justos y agradables a Dios y nos capacita para obrar el bien. Experimentamos la inclinación al pecado, pero somos libres y en nuestras manos está corresponder a la gracia. "Nuestros antiguos pecados han sido elminados por obra de la gracia. Ahora, para permanecer muertos al pecado después del Bautismo, se precisa el esfuerzo personal aunque la gracia de Dios continúe ayudándonos poderosamente" (San Juan Crisóstomo, In Romanos, 11,1.).


La vida en el Espíritu, la filiación divina del cristiano y la Confianza en Dios

Creo, es necesario, no quedarse en el tema del pecado, vamos más allá. En la misma Carta de San Pablo a los Romanos, explica ¿qué es vivir en el Espíritu?, ¿que es ser hijo de Dios? y ¿Cuál es el nivel de confianza que debés depositar en Dios tu Señor?. Acompañará a estos textos de Romanos 8, unos comentarios que se pueden leer, también, en la Biblia de Navarra - Edición Popular.

 

Capítulo 8

 La Vida en el Espíritu - Libres en el Espíritu - No hay condena para los que están en Cristo

1 No hay, pues, condena alguna para los que están en Cristo Jesús,

2 pues la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3 Lo que era imposible a la ley, por cuanto que estaba debilitada a causa de la carne, lo ha hecho Dios: enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne,

4 para que la justa exigencia de la ley se cumpliera en nosotros, los que actuamos no de acuerdo con la carne, sino de acuerdo con el Espíritu.

La lucha entre la carne y el Espíritu

5 Pues los que viven según la carne desean las cosas de la carne; en cambio, los que viven según el Espíritu, desean las cosas del Espíritu.

6 El deseo de la carne es muerte; en cambio el deseo del Espíritu, vida y paz.

7 Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse.

8 Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.

9 Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia.

11 Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

12 Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne.

13 Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.


El don de la adopción filial - La filiación divina del cristiano

14 Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

15 Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».

16 Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios;

17 y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.

18 Pues considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará.

19 Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios;

20 en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza

21 de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

22 Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.

23 Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

24 Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve?

25 Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.

26 Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

27 Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

28 Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio.

29 Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.

30 Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó. 


La certeza de la plenitud futura - La Confianza en Dios

31 Después de esto, ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

32 El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?

33 ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica.

34 ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros?

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?;

36 como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.

37 Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado.

38 Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias,

39 ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.


Comentario realizado en la Biblia de Navarra, al Capítulo 8, 3 . 5 . 14 . 31

8, 3 - Jesucristo, al asumir la naturaleza humana, quiso tomar una carne semejante a la del pecado - aunque no al pecado - y sujetarse a las penalidades de esta vida: el hambre, el cansancio, el sufrimiento y, sobre todo, la muerte. Al asumirlas, Cristo las redimió converitiéndolas en camino de santidad, de modo que a través de ellas nosotros podemos identificarnos con Él.

8, 5 - La vida según el Espíritu es un vivir según Dios que informa la conducta del cristiano; pensamientos, anhelos, deseos y obras se ajustan a lo que el Señor pide en cada instante y se realizan al impulso de las mociones del Espíritu Santo.

8, 14 - El cristiano se sabe hijo de Dios, con una filiación divina adoptiva (v.15), pero real, que es participación de la Filiacion natural de Cristo, Verbo Encarnado. Esta participación nos permite exclamar: "¡Abbá, Padre"!, como Jesús. "Siendo [Dios] el Creador del universo, no le importa que no utilicemos títulos altisonantes, ni echa de menos la debida, ni echa de menos la debida confesió de su señorío. Quiere que le llamemos Padre, que saboreemos esa palabra, llenándonos el alma de gozo" (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 64). "La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual, porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del Cielo, y así colma de esperanza nuestra lucha interior, y nos da la sencillez confiada de los hijos pequeños. Más aún: precisamente porque somos hijos de Dios, esa realidad nos lleva también a contemplar con amor y con admiración todas las cosas que han salido de las manos de Dios Padre Creador. Y de este modo somos contemplativos en medio del mundo, amando al mundo" (ibid., n. 65).

8, 31 - Estos versículos (vv. 31 - 39) expresan algunas consecuencias de la filiación divina: la fuerza omnipotente de Aquel que nos amó hasta el punto de entregar por nosotros a su propio Hijo Unigénito, hasta que salgamos victoriosos en las contradicciones y padecimientos.



¿Cuáles son los textos sagrados que recomienda el Catecismo de la Iglesia Católica para preparar una buena confesión?

El punto 1454 del CIC, dice lo siguiente: conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un "examen de conciencia" hecho  a la luz de la Palabra de Dios. Para esto, los textos más aptos se encuentran en el:

  1. Decálogo
  2. En la Catequesis Moral de los Evangelios y, 
  3. Las Epístolas de los Apóstoles: Sermón de la Montaña y enseñanzas apostólicas (cf. Rm 12 - 15; 1 Co 12 - 13; Ga 5; Ef 4 - 6).









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Días con obligación de oir la Misa en Argentina

Todos los domingos del año. 1 de enero: Maternidad de la Virgen María. 15 de agosto: Asunción de la Virgen María. 8 de diciembre: La Inmaculada Concepción. 25 de diciembre: Natividad del Señor.

Isaías 58:5,6

5 ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? 6 Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, 7 partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. 8 Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.

Ley de ayuno y de la abstinencia

Ayuno y abstinencia de carne Miércoles de ceniza. Viernes Santo. Sólo abstinencia Todos los viernes del año. Pero advierte, que puede sustituirse la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por la limosna penitencial, o por una obra de caridad, o por una obra piadosa (Via Crúcis, Santa Misa, Santo Rosario, Visita al Santísimo, Lectura de la Biblia,....). Edad de la obligación La abstinencia obliga desde los 14 años cumplidos. El ayuno desde los 21 años hasta cumplido los 59 años.

Ayuno

Ayuno
Isaías 58:5,6

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

“¿Por qué los tuyos no?”

La Ley judía tenía 613 preceptos que los fieles judíos debían cumplir. Uno de ellos era el referente al ayuno, que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos cumplían. Al ver que los discípulos de Jesús no ayunaban le preguntaron “¿por qué los tuyos no?”. Este contexto nos lleva a plantearnos el sentido del ayuno y de toda práctica ascética. Sabemos que no tienen valor por sí mismas. Siempre se hacen en vistas a algo. Hemos oído decir a Jesús que el mandamiento primero y principal de la ley para sus seguidores es el amor: amar a Dios, al prójimo y a sí mismo. Así que ayunar y cualquier otra práctica ascética hemos de hacerla en vista al amor, buscando siempre aumentar nuestros tres amores: a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Por eso, si hay una situación donde puedan entrar en colisión el ayuno y el amor… hemos de dejar el ayuno y vivir con más intensidad el amor. Por lo que si hay un motivo de alegría, y de vivir y potenciar el amor, no se puede ayunar. “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?”. Estando con el novio, hay que disfrutar de su presencia y de su amor, entre otras cosas con una buena comida y un “vino nuevo”. No se puede ayunar. Sabemos que el ayuno que agrada a Dios va por el camino del amor al hermano que es la mejor manera de amar a Dios y a uno mismo. Al final de nuestra vida, el Hijo del hombre no nos preguntará por nuestros ayunos, sino por el amor concreto a nuestros hermanos. “Tuve hambre y me disteis de comer…”. (Reflexión: Fray Manuel Santos Sánchez O.P. Convento de Santo Domingo (Oviedo). 16/01/2023. Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/

Consejo Episcopal Latinoamericano

Conferencia Episcopal Argentina - CEA

Litugia CEA

Organización de Seminarios de la Argentina - OSAR

"A continuación, se ha realizado una lista de enlaces a las Webs de las Conferencias Episcopales de distintas partes del Mundo, ordenados por Continentes...aunque esta lista no es exhaustiva"