Las Bienaventuranzas

Catecismo de la Iglesia Católica

Tercer Parte: La Vida en Cristo 

Primera Sección: La Vocación del Hombre: La vida en el espíritu

Capítulo primero: La Dignidad de la persona humana; 

Articulo 2 - Nuestra Vocación a la Bienaventuranza


El Sermón del monte, óleo sobre tela del pintor danés Carl Heinrich Bloch (1834–1890).


I Las Bienaventuranzas

1716 Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los Cielos:

1 - Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

2 - Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la Tierra.

3 - Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

4 - Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

5 - Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

6 - Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

7 - Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

8 - Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

9 - Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos (Mt 5, 3 - 12)

1717 Las Bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos.


II       EL DESEO DE FELICIDAD

1718  Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia él, el único que lo puede satisfacer:

Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada (S. Agustín, mor. eccl. 1,3,4).

¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al busc arte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti (S. Agustín, conf. 10,20.29).

Sólo Dios sacia (S. Tomás de Aquino, symb. 1).

1719  Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han acogido la promesa y viven de ella en la fe.


III     LA BIENAVENTURANZA CRISTIANA

1720  El Nuevo Testamento utiliza varias expresiones para caracterizar la bienaventuranza a la que Dios llama al hombre: la venida del Reino de Dios (cf Mt 4,17); la visión de Dios: "Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8; cf 1 Jn 3,2; 1 Co 13,12); la entrada en el gozo del Señor (cf Mt 25,21.23); la entrada en el Descanso de Dios (He 4,7-11):

Allí descansaremos y veremos; veremos y nos amaremos;  amaremos y alabaremos. He aquí lo que acontecerá al fin sin fin. ¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá fin? (S. Agustín, civ. 22,30)

1721  Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo. La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2 P 1,4) y de la Vida eterna (cf Jn 17,3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rom 8,18) y en el gozo de la vida trinitaria.

1722  Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.

"Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios". Ciertamente, según su grandeza y su inexpresable gloria, "nadie verá a Dios y vivirá", porque el Padre es inasequible; pero según su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia llega hasta conceder a los que lo aman el privilegio de ver a Dios... "porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios" (S. Ireneo, haer. 4,20,5).

1723  La bienaventuranza prometida nos coloca ante elecciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus instintos malvados y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino en Dios solo, fuente de todo bien y de todo amor:

El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje "instintivo" la multitud, la masa de los hombres. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también, miden la honorabilidad...Todo esto se debe a la convicción de que con la riqueza se puede todo. La riqueza por tanto es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro...La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse una fama de prensa) ha llegado a ser considerada como un bien en sí misma, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración (Newman, mix. 5, sobre la santidad).

1724  El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los caminos que conducen al Reino de los Cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante actos cotidianos, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios (cf La parábola del sembrador: Mt 13,3-23).


RESUMEN

1725  Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde Abraham ordenándolas al Reino de los Cielos. Responden al deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre.

1726  Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios nos llama: el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios.

1727  La bienaventuranza de la vida eterna es un don gratuito de Dios; es sobrenatural como la gracia que conduce a ella.

1728  Las bienaventuranzas nos colocan ante elecciones decisivas respecto a los bienes terrenos; purifican nuestro corazón para enseñarnos a amar a Dios por encima de todo.

1729  La bienaventuranza del Cielo determina los criterios de discernimiento en el uso de los bienes terrenos conforme a la Ley de Dios.

La esperanza

1817 La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los Cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo la confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo...

1819 La esperanza cristiana recoge y perfecciona la esperanza del pueblo elegido, que tiene su origen y su modelo en la esperanza de Abraham, colmada en Isaac, acerca de las promesas de Dios, purificada por la prueba del sacrificio (cf. Gn 17, 4-8; 22, 1-18). "Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones" (Rm 4, 18).

1820 La esperanza cristiana se manifiesta, desde el comienzo de la predicación de Jesús, en la proclamación de las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el Cielo como hacia la nueva Tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero, por los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en "la esperanza que no falla" (Rm 5, 5). La esperanza es "el ancla del alma", segura y firme, "que penetra... a donde entró por nosotros como precursor Jesús" (Hb 6, 19-20). Es también un arma que nos protege en el combate de la Salvación" (1 Ts 5, 8). Nos procura el gozo en la prueba misma: "Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación" (Rm 12, 12). Se expresa y se alimenta en la oración, particularmente en la del padre nuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear.


Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el Cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase Tu voluntad, en la tierra como en el Cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén.


Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica. Tercer Parte: La Vida en Cristo - Primera Sección: La Vocación del Hombre: La vida en el espíritu  - Capítulo primero: La Dignidad de la persona humana; artículo 2: Nuestra Vocación a la bienaventuranza. Puntos: 1716 al 1729; y, 1817 a 1820



Breve, simple y sencilla explicación de cada una de las "Bienaventuranzas de Nuestro Señor Jesucristo", ... , en ellas serás examinado el día de tu "Juicio"

Las "bienaventuranzas" son enseñanzas de Jesús que se encuentran en el Evangelio según san Mateo. Cada una de ellas contiene una promesa de bendición. 

A continuación, te explicaré cada una de las bienaventuranzas:

  1. "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos": Esta bienaventuranza se refiere a aquellos que reconocen su dependencia total de Dios, renunciando a su propia soberbia y egoísmo. Los pobres de espíritu confían plenamente en Dios y encuentran su riqueza en su relación con Él.
  2. "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra": La mansedumbre implica humildad, paciencia y no buscar venganza. Los mansos confían en Dios y no se dejan llevar por la ira o la violencia. Jesús promete que los mansos heredarán la tierra, es decir, encontrarán paz y plenitud en su relación con Dios. Es decir, el "Reino de Dios ".
  3. "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados": Esta bienaventuranza no se refiere únicamente al llanto físico, sino también al sufrimiento y dolor en general. Aquellos que experimentan dolor y aflicción encontrarán consuelo en la gracia y el amor de Dios. Dios es el consolador y brinda paz y esperanza a aquellos que sufren.
  4. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados": Esta bienaventuranza habla de aquellos que anhelan la justicia y luchan por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Aquellos que buscan activamente la justicia encontrarán plenitud y satisfacción en su relación con Dios.
  5. "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia": La misericordia implica compasión y amor hacia los demás, especialmente hacia aquellos que han cometido errores. Aquellos que muestran misericordia recibirán la misericordia de Dios. La Iglesia Católica promueve el valor de la misericordia como una virtud fundamental.
  6. "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios": Los limpios de corazón son aquellos que tienen una pureza interior y una vida moral recta. Ellos tienen una relación cercana con Dios y experimentarán la visión de Dios en sus vidas eternas.
  7. "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios": Aquí Jesús destaca la importancia de la paz y la reconciliación. Aquellos que trabajan por la paz y promueven la armonía entre las personas reflejan el amor de Dios y se consideran hijos de Dios.
  8. "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos": Esta bienaventuranza se refiere a aquellos que sufren persecución y dificultades debido a su fe y su compromiso con la justicia. A pesar de la persecución, se les promete la recompensa del Reino de los Cielos.
  9. "Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa": Jesús reconoce que sus seguidores enfrentarán dificultades y persecución por su fe. Sin embargo, los alienta a alegrarse y regocijarse, porque su recompensa en el cielo será grande, tal como también fue para los profetas anteriores.

Estas bienaventuranzas se consideran principios fundamentales de la vida cristiana y la Iglesia Católica Apostólica Romana las promueve como guía para vivir una vida plena y en conformidad con el Evangelio de Jesucristo, y deben estar presentes en tu pensar, tu comportamiento, tu sentir, tu modo de vivir, dado que será examinado en ellas el día de tu encuentro con el Señor. Amén


¿En qué evangelios encuentras las bienaventuranzas de Jesús?

Las bienaventuranzas de Jesús se encuentran en dos evangelios del Nuevo Testamento de la Biblia: el Evangelio según san Mateo y el Evangelio según san Lucas. A continuación, te mencionaré los capítulos donde se encuentran:
  1. Evangelio según san Mateo: Las bienaventuranzas se encuentran en el capítulo 5, versículos 1 al 12.
  2. Evangelio según san Lucas: Las bienaventuranzas se encuentran en el capítulo 6, versículos 20 al 23.
Aunque las bienaventuranzas tienen similitudes en ambos evangelios, también hay algunas diferencias en la forma en que se presentan. En el Evangelio según san Mateo, las bienaventuranzas son más detalladas y se presentan como una serie de declaraciones, mientras que, en el Evangelio según san Lucas, se presentan de manera más breve y algunas de ellas van seguidas de "ayes" o advertencias.

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Días con obligación de oir la Misa en Argentina

Todos los domingos del año. 1 de enero: Maternidad de la Virgen María. 15 de agosto: Asunción de la Virgen María. 8 de diciembre: La Inmaculada Concepción. 25 de diciembre: Natividad del Señor.

Isaías 58:5,6

5 ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? 6 Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, 7 partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. 8 Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.

Ley de ayuno y de la abstinencia

Ayuno y abstinencia de carne Miércoles de ceniza. Viernes Santo. Sólo abstinencia Todos los viernes del año. Pero advierte, que puede sustituirse la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por la limosna penitencial, o por una obra de caridad, o por una obra piadosa (Via Crúcis, Santa Misa, Santo Rosario, Visita al Santísimo, Lectura de la Biblia,....). Edad de la obligación La abstinencia obliga desde los 14 años cumplidos. El ayuno desde los 21 años hasta cumplido los 59 años.

Ayuno

Ayuno
Isaías 58:5,6

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

“¿Por qué los tuyos no?”

La Ley judía tenía 613 preceptos que los fieles judíos debían cumplir. Uno de ellos era el referente al ayuno, que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos cumplían. Al ver que los discípulos de Jesús no ayunaban le preguntaron “¿por qué los tuyos no?”. Este contexto nos lleva a plantearnos el sentido del ayuno y de toda práctica ascética. Sabemos que no tienen valor por sí mismas. Siempre se hacen en vistas a algo. Hemos oído decir a Jesús que el mandamiento primero y principal de la ley para sus seguidores es el amor: amar a Dios, al prójimo y a sí mismo. Así que ayunar y cualquier otra práctica ascética hemos de hacerla en vista al amor, buscando siempre aumentar nuestros tres amores: a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Por eso, si hay una situación donde puedan entrar en colisión el ayuno y el amor… hemos de dejar el ayuno y vivir con más intensidad el amor. Por lo que si hay un motivo de alegría, y de vivir y potenciar el amor, no se puede ayunar. “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?”. Estando con el novio, hay que disfrutar de su presencia y de su amor, entre otras cosas con una buena comida y un “vino nuevo”. No se puede ayunar. Sabemos que el ayuno que agrada a Dios va por el camino del amor al hermano que es la mejor manera de amar a Dios y a uno mismo. Al final de nuestra vida, el Hijo del hombre no nos preguntará por nuestros ayunos, sino por el amor concreto a nuestros hermanos. “Tuve hambre y me disteis de comer…”. (Reflexión: Fray Manuel Santos Sánchez O.P. Convento de Santo Domingo (Oviedo). 16/01/2023. Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/

Consejo Episcopal Latinoamericano

Conferencia Episcopal Argentina - CEA

Litugia CEA

Organización de Seminarios de la Argentina - OSAR

"A continuación, se ha realizado una lista de enlaces a las Webs de las Conferencias Episcopales de distintas partes del Mundo, ordenados por Continentes...aunque esta lista no es exhaustiva"