La Resurrección del Señor está presente en los cuatro Evangelios y también aparece en las epístolas.
También hay relatos de la Resurrección en Mateo 28,1-10, Marcos 16,1-13 y Juan 20,1-29.
¿Por qué llamamos “Pascua” al día en que resucitó el Señor?
El idioma oficial de la Iglesia es el latín, la antigua lengua de Roma. En los textos de la Iglesia, la Pascua es Pascha, palabra derivada del hebreo Pasch o pascua. La Pascua del Señor es el suceso de salvación que se complete con la resurrección de Cristo de entre los muertos. En las lenguas que derivan del latín, se mantiene el nombre.
Sin embargo, el inglés, a pesar de contar con varias palabras de origen latín, tiene raíces germánicas, al igual que el alemán moderno. En alemán, Pascua se dice Ostern; y aunque el origen de la palabra no está muy claro, podría hacer referencia a la referencia a la salida del sol en el Este (Ost), suceso del que depende nuestra existencia natural. El mismo Cristo es llamado a veces el Oriente, porque es de Él de quien depende nuestra resurrección del pecado a la gracia, así como la resurrección de nuestro cuerpo al final de los tiempos.
¿Qué es la Octava de Pascua?
Es el período de ocho días comprendido entre el Domingo de Pascua y el Domingo de la Divina Misericordia. Cada uno de esos días se considera una solemnidad, como si se repitiera la Pascua durante ocho días.
¿La Pascua es pagana?
No, de ninguna manera. Algunos pueden argumentar que la fiesta recibió el nombre de la diosa Ishtar o alguna otra. La Pascua, como se usa la palabra en el mundo cristiano de habla inglesa, siempre ha estado directamente referida a la celebración de la resurrección de Cristo, solo a Él y a ese suceso.
¿Realmente resucitó Jesús de entre los muertos?
Hay pocos sucesos en la historia tan bien documentados como la Resurrección. Damos por ciertos hechos antiguos que solo tienen una referencia. En cambio, todos los autores del Nuevo Testamento dan fe de la muerte y resurrección de Jesús. La mayoría, y muchos otros que presenciaron las apariciones del Maestro antes de la Ascensión, dieron su vida como testimonio de esa verdad. Desde el primer siglo, muchos millones de personas más que creyeron en su testimonio siguieron su ejemplo.
El Catecismo de la Iglesia Católica , en su párrafo 639, afirma:
El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco.
¿Quiénes vieron a Jesús después de su resurrección?
Luego de resucitar, Jesús se apareció a María Magdalena, la “otra María”, los apóstoles (salvo Judas Iscariote), y los dos discípulos en el camino de Emaús. En 1 Corintios 15,6, San Pablo dice: “…después [Jesús] se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron”. San Pablo continúa diciendo: “Y en último término se me apareció también a mí” (1 Cor 15,8). Esto señala el encuentro de San Pablo con el Señor luego de la Ascensión de Jesús, que provocó la conversión inmediata de San Pablo al cistianismo (Hch 9,1-19).
¿Quién era la otra María en la tumba de Jesús?
Creemos que esa María era la madre de Santiago y José.
¿Qué había quedado en la tumba de Jesús?
El Catecismo de la Iglesia Católica ,en su párrafo 640, nos enseña:
“"¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado". En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo. A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres, después de Pedro. "El discípulo que Jesús amaba" afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo", "vio y creyó". Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro.
¿Cuál es el mensaje de la Resurrección de Jesús?
El Catecismo de la Iglesia Católica nos indica en sus párrafos 651 al 655:
"Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe". La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido.
La Resurrección de Cristo es cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús durante su vida terrenal. La expresión "según las Escrituras" indica que la Resurrección de Cristo cumplió estas predicciones.
La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección. Él había dicho: "Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy". La Resurrección del Crucificado demostró que verdaderamente, él era "Yo Soy", el Hijo de Dios y Dios mismo. San Pablo pudo decir a los judíos: «La Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros [...] al resucitar a Jesús, como está escrito en el salmo primero: "Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy"». La Resurrección de Cristo está estrechamente unida al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios: es su plenitud según el designio eterno de Dios.
Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Esta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios "a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos [...] así también nosotros vivamos una nueva vida". Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la gracia. Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su Resurrección: "Id, avisad a mis hermanos". Hermanos no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha revelado plenamente en su Resurrección.
Por último, la Resurrección de Cristo —y el propio Cristo resucitado— es principio y fuente de nuestra resurrección futura: "Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron [...] del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo". En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles. En Él los cristianos "saborean [...] los prodigios del mundo futuro" y su vida es arrastrada por Cristo al seno de la vida divina para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos".
¿Jesús se apareció a su madre después de la resurrección?
Los Evangelios no nos relatan que Jesús se haya aparecido a la Santísima Virgen. Sin embargo, San Juan Pablo II se refirió a esta cuestión:
Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.
Suponiendo que se trata de una «omisión», se podría atribuir al hecho de que todo lo que es necesario para nuestro conocimiento salvífico se encomendó a la palabra de «testigos escogidos por Dios» (Hch 10, 41), es decir, a los Apóstoles, los cuales «con gran poder» (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Antes que a ellos, el Resucitado se apareció a algunas mujeres fieles, por su función eclesial: «Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 10).
Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe.