8. Esquema de las virtudes
Hoy nos toca comenzar con el
esquema de las virtudes morales. Es
decir, el “humanismo”, lo hemos dividido fundamentalmente como en tres grandes
áreas:
·
VIRTUDES
INTELECTUALES, incluyendo el sentido estético, el lenguaje, de alguna
manera podría relacionarse.
·
VIRTUDES
MORALES, que son aquellas propias de la voluntad de la libertad. Propio de
la inteligencia, uso de la libertad.
·
VIRTUDES
SOCIALES, que es el ejercicio de la vida social, que facilitan el ejercicio
de la vida social. Una dimensión enorme también del ser humano.
Bien, nos centremos en las
segundas que son las virtudes éticas (morales), son las más conocidas,
prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
Virtudes éticas (morales):
PRUDENCIA, JUSTICIA, FORTALEZA Y TEMPLANZA
Es un esquema que ya aparece de
la “República” de Platón, que recoge Aristóteles y desarrolla. Que entra en el
estoicismo griego y romano.
Este esquema, ya aparece en los grandes pensadores clásicos, llegando
hasta nuestros días
Importante en este caso es
Cicerón, que también sirve de puente, e inspirador de muchos cristianos
importantes como son San Jerónimo, San Ambrosio, San Agustín, también que lo
ponen en la tradición occidental. Y, así ha llegado el esquema de las virtudes
hasta el siglo XX.
Decíamos que las virtudes éticas,
son cuatro, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Platón cuando piensa
cómo es el alma, lo hemos considerado en algún momento, dice que tiene dos
partes, y, que puede asociarse o asimilarse al siguiente ejemplo: podría
considerarse el caso de un carro con dos caballos, es lo que se llama una
“biga”, que es un carro pequeño, que tenía dos caballos.
Platón compara el alma del ser humano con una “biga” (carro tirado por
dos caballos)
Y, entonces él dice, esos dos caballos, son esos dos impulsos
que tenemos en la parte inferior del alma, que nos hace semejante a los
animales. Uno es el APETITO CONCUPISCIBLE y el otro es el APETITO IRASCIBLE.
Esos caballos serías los dos impulsos que tenemos en la parte inferior
del alma
APETITO CONCUPISCIBLE y APETITO IRASCIBLE
Utilizando estos términos, que
son propios de la tradición escolástica, que son: el mundo de los DESEOS, y el
mundo del ÁNIMO.
Esos caballos serías los dos impulsos que tenemos en la parte inferior
del alma
DESEO y ÁNIMO
Lo veíamos en el cuso de
Antropología, y, lo tratábamos a propósito de las pasiones.
Uno es, dice ahí, hay un caballo
que es noble, hay que entender bastante del mundo griego para entender porque
el caballo es noble. El caballo noble es el del Ánimo, que se enciende con las
cosas bonitas. Que es también el caballo que lleva a ser fuerte,
el caballo que lleva a atacar. El caballo que lleva a enamorarse de las cosas grandes
y tener un ánimo grande. Quizá el concepto que tenemos de animarse o
desanimarse tiene que ver con esa capacidad que tenemos anímica, que
compartimos con animales, de envalentonarnos o no
envalentonarse, y para envalentonarse hace falta ser encendido por algo
bonito. También puede ser encendido por la ira, o por el peligro y el deseo de vencer.
Que es lo que puede pasar en el ánimo puramente animal. Los griegos, cuando
pensaban en un alma humana, estaban pensando, sobre todo, en un ánimo grande,
un alma grande, de un ser humano movido por ideales de grandeza, de belleza; de
belleza en unidad de grandeza. Que le lleva a valentonarse por defender las
cosas grandes, por conseguirlas.
Entonces, tenemos, un carro, dos caballos. Un caballo,
es el del ánimo más valiente que es lo que a nosotros nos resulta más lejano, y otro, este caballo de los deseos, que
está constantemente moviéndose, impulsado por cosas que desea, en el ámbito
animal, aunque en el hombre tenemos más deseos que los propios del ámbito
animal, porque queremos muchas cosas, sentimos el impulso también, impulso por
muchas cosas, por el dinero, por la música; el impulso o notar la atracción, el
tirón de todas estas cosas.
Bueno, entonces, todo esto de los
caballos son gobernados por la inteligencia. El auriga (Hombre que, en la
Antigüedad clásica, conducía un carro de carreras en el circo), lo que hoy
sería el cochero.
Los deseos y el ánimo deben estar gobernados por la inteligencia
Que controla los deseo y controla
también el ánimo. El caballo del ánimo, es un caballo blanco, noble, y el
caballo de los deseos es un caballo negro, indócil, difícil de gobernar.
Bueno, se podría decir, que este
esquema, que gobierna con los dos caballos, se corresponde, con el esquema de
las cuatro virtudes.
El esquema del carro de Platón, corresponde a las cuatro virtudes
éticas
El auriga, que es la parte
superior del alma, es la inteligencia con la voluntad, que da la capacidad de
decidir, la capacidad de orientarse; y, a su vez, lleva el gobierno de esta parte,
diríamos, más animal, esta parte impulsiva que compartimos con los animales. Bien,
las cuatro virtudes se corresponden con esta cuatro potencias o facultades del
alma.
Las cuatro virtudes éticas corresponden a las cuatro potencias
(facultades) del alma
Los dos superiores son:
·
Inteligencia:
en el ejercicio práctico de la inteligencia, es decir, de cómo gobernarse,
la virtud es la prudencia. Propia de
la inteligencia, ¿cómo gobernar?, ¿cómo decidir?
·
Voluntad:
la virtud de la voluntad, que da rectitud a la voluntad, es la justicia.
Los dos inferiores son:
·
Deseos:
la virtud que gobierna el mundo de los deseos, es decir, que le pone orden es
la templanza, por que tempera;
atempera los apetitos, la pone en su sitio.
·
Ánimo: la
virtud que controla el impulso del ánimo es la fortaleza, modera los impulsos.
Ya tenemos: prudencia, justicia, templanza y fortaleza, las
cuatro virtudes clásicas. Clave de la educación. Para Platón, es la clave de la
educación ciudadana; incluso le sirve para clasificar a los distintos tipos de
ciudadanos.
Las virtudes éticas son clave para la educación
Para Aristóteles, es la clave del
desarrollo personal y luego la clave de la educación. Claro, hoy cuando
pensamos en educación, estamos pensando sobre todo en contenidos, en educación
de la inteligencia, y a veces nos olvidamos toda esta parte tan importante,
educación “no” es instrucción, conocimientos; educación es el arte de decidir,
de deliberar, de ser prudente, ya tendremos ocasión de explicarlo.
Hoy la educación se centra en los contenidos, pero educación es: el
arte de decidir, de deliberar, de ser prudente
El hábito de la rectitud, que es la justicia, de obrar rectamente. De querer
lo recto, de preferir lo recto
El hábito de moderarse, de los tirones de los deseos
Estas dos últimas virtudes, son
las que controlan la parte impulsiva. El hábito de moderarse, de los tirones de
los deseos, realmente, trabajándolos un poco, sometiéndolos a orden
Y, el hábito de la fortaleza de
animarse para llevar a cabo lo que nos proponemos. Para afrontar las cosas que
son difíciles, o que dan pereza.
El hábito de la fortaleza de animarse para llevar a cabo lo que nos
proponemos
Entonces, tenemos el esquema de
la prudencia, justicia, prudencia y
templanza. Sobre este esquema, vamos a leer lo que dice Cicerón en Deo Officiis,
donde dice, que simplemente recoge esto y dice, que esto es lo que tiene que ser un hombre honrado y que de esto consiste
la sabiduría. Es la formación de una persona. Desarrolla el Deo Officiis
sobre los deberes, que quiere ser el libro para educar a la élite romana, dado
a su propio hijo, porque está dedicado a Marco, para educarle en lo que es un
ser humano. Hay que decir, que tanto entonces como ahora, las cosas no son tan
fáciles. Y, que el hijo de Cicerón, Marco, que estaba en Atenas estudiando,
parece que se daba un poco más a la bebida de lo que era conveniente. Bueno, en
fin, el padre le dedica el libro a pesar de todo, con lo que tiene que ser un
romano. Los problemas suelen ser parecidos de una época a otra.
“Deo Officiis” (44 a.c.)
Marco Tulio Cicerón (106 a.c. a 43 a.c)
Prudencia, justicia, prudencia y
templanza, las cuatro virtudes. Estas cuatro virtudes ya habían
aparecido en el libro de la sabiduría,
son mencionadas. Bueno, pero vamos a
leer la frase de Cicerón:
“Todo lo que es honesto surge de
una de estas cuatro virtudes: o bien consiste en el diligente y exacto
conocimiento de la verdad… (prudencia)
…O en la defensa de la sociedad
humana, dando a cada uno los suyo y observando la fidelidad de los pactos… (la
justicia)
…O en la grandeza o vigor de un
alma excelsa, grande, invicta… (fortaleza)
…O en el orden y medida en cuanto
se hace y se dice.” (templanza)
(Cicerón, De Officiis, 1, 5, 15)
Como digo, esto ha sido acogido
tempranamente en la tradición judía bíblica en el segundo siglo antes de Cristo,
se habla ya de esto, por ejemplo, en el libro de la sabiduría:
“¿Amar la justicia? Las virtudes son sus empeños; pues ella enseña, la
templanza, la prudencia, la justicia y la fortaleza, …
… lo más provechoso para la vida del hombre”.
(Libro de la Sabiduría – Biblia – 8, 7)
Sin embargo, esto tendrá después,
vamos a decir, una aceptación masiva a partir del siglo II, III y IV, cuando
los cristianos cultos, que han estudiado la literatura clásica, que han leído
las escuelas clásicas, pues, mantienen este ideal de ser humano. Es verdad, que
los judíos y también los cristianos, añaden también, otras virtudes. Los
cristianos, añaden la virtud de la humildad, por ejemplo, añaden la virtud del
arrepentimiento, añaden la caridad, sobre todo, que es la primera.
El cristianismo añade otras virtudes; La humildad …La Caridad.
Luego, conservan, el aprecio tan
grande de las cuatro virtudes clásicas, prudencia, justicia, fortaleza y
templanza. En especial, como hemos dicho, San Ambrosio, los humanistas latinos cristianos
conservan la importancia de las virtudes éticas.
Los humanistas latinos cristianos, conservan la importancia de las
virtudes éticas
Los humanistas latinos cristianos, San Ambrosio, San Jerónimo, San
Agustín
Y, desde ahí, este esquema que
viene de fuera, ha formado parte dentro de la enseñanza de la Iglesia. Y, hoy
está en el Catecismo. Y, es el único lugar en donde quedan, porque han ido
desapareciendo de la enseñanza ordinaria, incluso de la enseñanza pública. Y,
es un tema utilísimo, y, básico y, sobre todo, si uno recuerda lo que hemos
dicho, la educación no consiste solo en el aspecto informativo, en el aspecto cognoscitivo,
conocer cosas, sino que es educación del corazón, educación de la personalidad y,
por tanto, de este núcleo de la personalidad, que sobre todo es, el poder
decidir, del acto libre. El acto libre, hay que recordarlo, está acompañado
primero de la prudencia, la justicia: que es el orden por el cual se decide y,
la fortaleza y la templanza, las cuales protegen que se pueda hacer un acto
libre.
La educación no consiste solo en el aspecto informativo, en el aspecto cognoscitivo:
sino del corazón, del núcleo de la personalidad; del acto libre propio
De manera que, este esquema de
virtudes es fundamental, para el desarrollo de la personalidad, fue importante
en la cultura clásica, sigue siendo importante en la cultura moderna.