Juan Luis Lorda. Cuestiones existenciales 8, Los anhelos humanos y el mas alla

8, Los anhelos humanos y el mas alla


Nos toca hablar del más allá. Del más allá como pregunta existencial. Una gran cuestión existencial, porque está planteada, los seres humanos aspiramos a más. Tenemos anhelos de algo que no se cumple en este mundo. Y, aunque no todo el mundo los tiene, y no todo el mundo ha creído que existe un más allá, pero desde luego está muy presente el tema, en la mente humana, en la cultura humana y en las tradiciones humanas. El más allá. Queremos sobrevivir, queremos justicia, queremos plenitud. Podríamos decir, por ordenar un poco, que todos aquellos atisbos de plenitud que aquí son irrealizables (los atisbos de plena felicidad, los atisbos de plena verdad, los atisbos de plena concordia), nos hacen pensar en un más allá.

todos aquellos atisbos de plenitud que aquí son irrealizables (los atisbos de plena felicidad, los atisbos de plena verdad, los atisbos de plena concordia), nos hacen pensar en un más allá.

Todos aquellos atisbos de plenitud que aquí son irrealizables, nos hacen pensar en un más allá.

Y, también, la superación del mal; ante la muerte misma, las injusticias, sufrimientos, las grandes limitaciones: físicas y morales, nos gustaría una plenitud.

Y, también, la superación del mal; las injusticias, sufrimientos, muerte…

Se contrasta, por lo dos, queremos, por una plenitud y al percibir con más claridad los límites, queremos un más allá de plenitud, aspiramos a eso, tenemos anhelo de eso. Y, cualquier chispazo, digamos, nos lleva de alguna manera a anhelar esto. Me acuerdo una anécdota que cuenta Víctor Frank, que lo hemos mencionado bastante en estos días, en el libro “El hombre en busca de sentido”, cuando dice que una tarde, menciona que los prisioneros en el campo de concentración nazi, una de las cosas, es que habían perdido el apetito sexual, pero en cambio tenían una sensibilidad estética aguda. Dice que una vez, entro en el barracón un prisionero y dijo, salid, salid, y salieron todos y vieron un panorama precioso, ¿no?, el cielo, las montañas, me parece de Austria, las montañas verdes, el cielo que estaba en ese momento, en un atardecer, lleno de color; y, por contraste, veían el suelo, los barracones grises, sus cuerpos miserables, sus vestidos destrozados, el barro del suelo. Y, en ese contraste, uno dijo por detrás, qué bello podría ser el mundo…qué bello podría ser el mundo, de alguna manera anhelamos eso, aspiramos a eso. Queremos, queremos un mundo bello. Una plenitud que parece que se nos da como a trozos, que a veces la percibimos, que a veces la notamos.

Bien. Frente a estos anhelos de plenitud hay varias posiciones:

1.- Materialista: no hay más allá, solo existe la materia. Pero esto que parece tan obvio, por qué es obvio que existe la materia, tiene unos límites muy fuertes, hay que decirlo. El materialismo, porque es inhumano, es una visión inhumana, no explica ni siquiera el hombre mismo, con su inteligencia, con sus sentidos, su voluntad. Nada de esto, explica o logra explicar el materialismo, con ninguna ley de la física lograr explicar esto. De tal manera que, en este sentido, al materialismo le falta mucho y quizá en este terreno también.

2.- Agnosticismo: bueno, realmente no podemos decir nada. El más allá no es experimental. No sabemos nada con certeza. Optan por no opta, por no afirmar nada. No tenemos datos, no se puede decir nada, se suspende el juicio. Es posible, desde luego.

3.- Crítica: hay también, una posición crítica, con varios argumentos. Por ejemplo, el (MARXISMO), dice, “el más allá es una ensoñación de los débiles”. Lo que no pueden tener aquí, lo trasladan más allá y con eso se quedan contentos, y no pelean el más aquí, como haría falta ¿no? Bien, evidentemente hay algo de irse más allá, y salirse de este mundo, de las miserias de este mundo, no cabe duda ¿no?, ahora que sea esta la única argumentación, no parece suficientemente justificado.

Y, otras posiciones, sería decir, el más allá, bueno, ¿qué más allá?, porque el más allá, el pensar así, es una cuestión egoísta. El más allá es una aspiración egoísta (INSPIRACION KANTIANA), uno desea su más allá, bien, hay algo de esto; pero uno ¿cómo no va a desear ser feliz?, ¿no? Y, también, ¿cómo no voy a desear la plenitud? Y ¿cómo no voy desear la justicia?, la justicia no es una cuestión puramente egoísta ¿no?

También, otra cuestión, una eternidad, la idea de eternidad, necesariamente tiene que ser aburrida. Cualquier cosa que da la felicidad en este mundo, es aburrida en el otro. También, habría que decir, de paso, que el análisis es un poco deficiente. Porque, aunque es verdad, que muchas cosas que dan felicidad en este mundo, serían una tortura si se repitiesen, imaginemos que a una persona le gusta comer patatas con chorizo, imaginarse una eternidad comiendo patatas con chorizo, pasa a ser el asunto, de ser una felicidad, pasa a ser un terrible suplicio ¿no?, pero, lo mismo diría si lo que le gusta es jugar al tenis ¿no?, pasarse una eternidad jugando al tenis, pasa a ser una cosa horrible.

Bien, los CRISTIANOS diríamos, que hay temas que no agotan el amor, no agotan el amor y, que eso es el cielo, pero bueno, lo dejamos de momento. Volveremos sobre ello.

Incluso, tengo una cita muy buena de Jorge Luis Borges de una entrevista, dice:

“Tenemos muchos anhelos, entre ellos el de la vida, el de ser para siempre, pero también el de cesar, además del temor y su reverso: la esperanza. Todas estas cosas pueden cumplirse sin inmortalidad personal, no precisamos de ella. Yo, personalmente, no la deseo y la temo; Para mí sería espantoso pensar que voy a seguir siendo Borges. Estoy harto de mí mismo, de mi nombre y de mi fama y quiero librarme de todo eso”.

J.L. Borges, La Inmortalidad, en Borges Oral (1979), II.

Algo se entiende, pues claro, quiere librarse de todo eso, para seguir viviendo. Quiere aspirar a seguir viviendo, quizá no con la carga con la que tiene, pero de otra manera.

Por contraste, es famosa una carta que escribió Miguel de Unamuno a un amigo suyo, este filósofo español, donde al hablar del más allá, decía:

“Yo no digo que merezcamos un más allá, ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no, y nada más. Digo que lo que me pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso ¡Lo-ne-ce-si-to! Y sin ello, no hay alegría de vivir, ni la alegría de vivir quiere decir nada. Es muy cómodo esto de decir: ¡Hay que vivir, hay que contentarse con la vida! ¿Y los que no nos contentamos con ella?”

Miguel Unamuno, carta personal a Jiménez Ilundáin

Claro, una persona, hay tantos motivos para, para… y, algunos son especiales, algunos son especialmente fuertes, ¿no?, vamos a repasarlos un poco: ¿Por qué esta visión? ¿esta conciencia del más allá? Podríamos empezar por los más curiosos, que son:

Argumentos del más allá:

1.- Experiencias parapsicológicas: No son muy fiables, pero relativamente frecuentes. La experiencia del “tubo”, la experiencia de la “luz”, que a veces experimenta, un tanto porciento importante, esto está, digamos, clínicamente observado. No es imaginación. De personas que han estado casi al borde de la muerte, en situaciones de un umbral de la muerte, que se siente de alguna manera, como elevadas, y, digamos, como cayendo como en una especie de profundidad, pero luminosa, y más o menos feliz. Claro, la experiencia, en unas condiciones tan especiales, por así decir, es muy difícil probar algo con eso. Ahora, que la experiencia se da, se da. Y, quizá, históricamente, vamos a decir, haya podido tener alguna influencia en la visión que la humanidad tiene sobre el más allá. Quizá, porque todo este tipo de experiencias, de viajes, y esta que sobre todo es muy común, hayan podido influir algo. Pero, bien, la dejamos un poquito aparte.

2.- Argumentos de la tradición filosófica sobre la inmortalidad del alma: basados en la inmaterialidad de los fenómenos del conocimiento. Como no es material, no tiene partes extensas y no se descompone. Lo espiritual pervive. Desde luego tienen mucha más fuerza, los argumentos de la tradición filosófica sobre la inmortalidad del alma, la inmortalidad del espíritu humano, aquí hemos mencionado, y hoy mismo también, la dificultad de explicar la inteligencia, y la libertad humana, el amor humano, y la moral humana, también se podría decir, pero vamos, especialmente la inteligencia y la voluntad, como parte del ser humano. Esto, que no tiene explicación, parece exigir, una existencia espiritual, un argumento que viene desde Platón, y hasta filósofo del siglo XX como Bergson, que también lo utiliza, el filósofo francés, Henri Bergson. Y, bueno, tiene que existir un más allá, porque el ser humano es espiritual, por tanto, tiene que trascender la materia. Y, hay una existencia más allá.

3. – Es una constante religiosa: aparece de un modo u otro en todas las religiones. La pervivencia del alma y la exigencia de una retribución final. Al decir, constante, no quiere decir que todas las religiones lo tengan, porque algunas no tienen la idea de una pervivencia personal. Los panteísmos orientales, hinduismo, por ejemplo, piensa que al final uno se une al todo ¿no?, el espíritu personal desaparece, se confunde con el todo. Y, también hay experiencias religiosas, dentro de lo que conocemos de los distintos pueblos, como hay pueblos que piensan que al final la persona se divide y cada parte va a distintos sitios, de alguna manera se disuelve. Pero junto con esto, hay que decir, que una gran parte de las religiones históricas creen en un más allá, donde hay una pervivencia real del ser humano. Incluso, en el antiguo egipcio, para ver como las almas son medidas, el corazón es pesado después de la muerte, para ver que va a pasar más allá. Va a ver un juicio. Y, de hecho, estos argumentos, también han pesado, en la configuración de este tema, es decir, sobre todo, estos argumentos que son más importantes:

Argumentos sobre el más allá:

1.       – Ansias de supervivencia personal: el espíritu humano, puesto que trasciende la materia, tiene que trascender la muerte. Turbación personal ante la muerte. Somos un ser espiritual, que percibe, como vamos a ver en Unamuno, que la muerte es una tragedia tremenda, aunque la vemos natural, al mismo tiempo la vemos antinatural, algo que va contra nosotros mismos. Desde el punto de vista, sería, la argumentación filosófica, sería también, que el espíritu humano, puesto que trasciende la materia, tiene que también poder trascender la muerte, de alguna manera, es un poco el argumento y puede desarrollarse más. Desde el punto de vista de la experiencia personal, nos sentimos profundamente turbados, ante la posibilidad de la desaparición personal, y esto que lo sentimos en nosotros, también, lo percibimos en los demás.

2.       – Afirmación sobre las otras personas: cuando hay amor, no se resigna a la desaparición definitiva del otro. Hay un deseo de más allá, que es, también, un deseo, una no explicación de qué pasa con nuestros muertos. Cuando personas que hemos querido desaparecen, ¿cómo vamos a pensar que se convierten en polvo?, personas que hemos querido, ¿cómo pasan a ser nada?, sencillamente nada, no puede ser. Incluso, aquí cabría recordar aquella frase de Gabriel Marcel, que amar, es decir, tú no morirás. El amor lleva consigo, que hay algo trascendente, no es simplemente un pedazo de material, aleatorio que, en un momento dado, unos años, ha dado lugar a unas propiedades y otras que le hemos tenido afecto, que ha sido nuestro padre, nuestra madre, nuestro hermano, nuestro hijo, nuestra…no puede ser, hay algo interno que se revela contra esto ¿no?, tiene que haber algo más, la trascendencia de la persona parece pedir algo más. Bueno después, decimos, lo que han dicho las religiones, ¿qué se puede decir del más allá?,

 

Filosóficamente poco se puede decir del más allá. Que existe el anhelo de la pervivencia.

 

Es decir, con los datos, no podemos decir mucho más. O sea, de que existe el anhelo, es comprobable, que además se necesite de una resolución de justicia y, además, para la propia plenitud, sino aquí la propia plenitud, aquí no puede darse. Para la justicia en el mundo, para que se haga realmente justicia, también hace falta. Y, que sea también, la solución para las personas que creemos, por supuesto. La no disfunción de la persona, lo difícil de comprender que una persona, pueda ser destruida. ¿cómo podemos amar algo que es destruido?, que se convierta en nada, ¿cómo puede convertirse en nada?, ¿cómo puede ser puramente materia? Mucho más que esto, no se puede decir. Las religiones dicen algo más. La religión cristiana, sobre todo, habla de un más allá, que sobre todo es Dios mismo. El más allá es espiritual, es la explicación de la existencia de dimensiones no materiales, sino espirituales; la inteligencia, el amor, la justicia. Claro, cuando concebimos el más allá, primero NO pensamos que se la ensoñación de los débiles, porque nos ayuda a vivir con más responsabilidad. Y, también, NO pensamos que sea una eternidad aburrida, pues no es un “yo conmigo mismo para siempre”. Es vivir el amor con el Amor supremo. También, un poco, Borges se equivocaba ¿no?, pero para eso es necesario, sí, efectivamente, si la eternidad es “yo conmigo mismo, con mis limitaciones, efectivamente, es para hartarse ¿no? No puede acabar todo en sí mismo. Pero, en realidad, la eternidad la concebimos en Dios, como un darse a Dios al final, ¿no? Vivir en Dios. El amor supone una entrega en este mundo, y también, en el otro. Y, además, es lo que da la felicidad, el amar y ser amado. Y, esto pensamos que es el contenido fundamental del cielo, por eso, no es aburrido y por eso es una plenitud, esto nos da un poquito el panorama de este tema, la pregunta por el más allá.



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Todos los domingos del año. 1 de enero: Maternidad de la Virgen María. 15 de agosto: Asunción de la Virgen María. 8 de diciembre: La Inmaculada Concepción. 25 de diciembre: Natividad del Señor.

Isaías 58:5,6

5 ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? 6 Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, 7 partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. 8 Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.

Ley de ayuno y de la abstinencia

Ayuno y abstinencia de carne Miércoles de ceniza. Viernes Santo. Sólo abstinencia Todos los viernes del año. Pero advierte, que puede sustituirse la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por la limosna penitencial, o por una obra de caridad, o por una obra piadosa (Via Crúcis, Santa Misa, Santo Rosario, Visita al Santísimo, Lectura de la Biblia,....). Edad de la obligación La abstinencia obliga desde los 14 años cumplidos. El ayuno desde los 21 años hasta cumplido los 59 años.

Ayuno

Ayuno
Isaías 58:5,6

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

“¿Por qué los tuyos no?”

La Ley judía tenía 613 preceptos que los fieles judíos debían cumplir. Uno de ellos era el referente al ayuno, que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos cumplían. Al ver que los discípulos de Jesús no ayunaban le preguntaron “¿por qué los tuyos no?”. Este contexto nos lleva a plantearnos el sentido del ayuno y de toda práctica ascética. Sabemos que no tienen valor por sí mismas. Siempre se hacen en vistas a algo. Hemos oído decir a Jesús que el mandamiento primero y principal de la ley para sus seguidores es el amor: amar a Dios, al prójimo y a sí mismo. Así que ayunar y cualquier otra práctica ascética hemos de hacerla en vista al amor, buscando siempre aumentar nuestros tres amores: a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Por eso, si hay una situación donde puedan entrar en colisión el ayuno y el amor… hemos de dejar el ayuno y vivir con más intensidad el amor. Por lo que si hay un motivo de alegría, y de vivir y potenciar el amor, no se puede ayunar. “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?”. Estando con el novio, hay que disfrutar de su presencia y de su amor, entre otras cosas con una buena comida y un “vino nuevo”. No se puede ayunar. Sabemos que el ayuno que agrada a Dios va por el camino del amor al hermano que es la mejor manera de amar a Dios y a uno mismo. Al final de nuestra vida, el Hijo del hombre no nos preguntará por nuestros ayunos, sino por el amor concreto a nuestros hermanos. “Tuve hambre y me disteis de comer…”. (Reflexión: Fray Manuel Santos Sánchez O.P. Convento de Santo Domingo (Oviedo). 16/01/2023. Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/

Consejo Episcopal Latinoamericano

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Organización de Seminarios de la Argentina - OSAR

"A continuación, se ha realizado una lista de enlaces a las Webs de las Conferencias Episcopales de distintas partes del Mundo, ordenados por Continentes...aunque esta lista no es exhaustiva"