Juan Luis Lorda. Cuestiones existenciales 7, Enfermedades y conflictos de la libertad

7, Enfermedades y conflictos de la libertad


Anunciábamos que entraríamos un poco en el tema de esta quiebra personal. Es decir, de aquella frase de san Pablo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Rom. 7, 15-24), que por otra parte está en Ovideo: “Video meliora proboque, deteriora sequor” (“Veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor”). Veo claro lo que tengo que hacer, pero resulta que no.

“No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (san Pablo - Rom. 7, 15-24)

“Video meliora proboque, deteriora sequor”

(“Veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor” – Ovideo – Metamorfosis VII - 19)

Una experiencia universal, que también hay que contemplarla cuando se contempla el ser humano. No podemos estar hablando del acto libre, de la libertad, y no tener en cuenta de que esa libertad tiene este curioso contraste, esta curiosa herida.

La libertad tiene este curioso contraste.

Somos contradictorios

Es decir, veo lo que es bueno, pero luego no lo hago. Somos contradictorios, somos un poco múltiples, en algún sentido, por lo menos, en algún sentido. Esto interesa analizarlo. La herida que tiene la libertad.

La libertad, decíamos, hay que conquistarla. Sí, pero la libertad hay que sanarla. La libertad humana está herida.

Así como hay que conquistar la libertad, también hay que “sanarla”

La herida de la libertad:

No queremos, siempre, lo bueno. Dentro del abanico tan grandes de cosas, que al mismo tiempo que pujan en nosotros y nos mueven, cosas instintivas, hasta la multitud de nuestras aficiones, nuestros amores, nuestras convicciones, ¿verdad?, pues ahí hay cierto combate. Donde, se impone, a veces, algo que no es lo que nos gustaría querer.

En nuestras elecciones no siempre se impone lo que nos gustaría querer

Aunque, ¡atención!, muchas veces lo queremos. Se da este curioso efecto de contradicciones voluntarias.

A veces, caemos en contradicciones voluntarias

En todo este tema, vamos a percibir que, hay por un lado un grado de responsabilidad y otro grado de impulso. Nosotros no obramos solamente como consecuencia de nuestra libertad, sino que obramos también, por impulsos; también obramos por limitaciones.

En nuestros actos existen como dos grados;

1.- De responsabilidad y 2.- De impulso

Y, en parte, diríamos, no somos voluntariamente nosotros, pero en parte sí. Y, el grado de nuestra responsabilidad, depende del grado de nuestra voluntariedad, que no siempre es fácil medir.

El hombre no solo obra como consecuencia de la libertad, también lo hace por impulso

El grado de nuestra responsabilidad, depende del grado de nuestra voluntariedad

Ahora, muy difícil decir, cuando uno analiza muchas de estas contradicciones, vamos a decir, ordinarias que no es el que lo ha hecho. Que no lo ha querido, aunque se ha dado cuenta de la contradicción; quería haber hecho una cosa y, ha hecho esa, ¿no? Y, de alguna manera no la quería hacer, pero, al mismo tiempo la quería hacer, y ha sido voluntaria, sería muy difícil negar que ha sido voluntario, luego veremos un poquito esto. Es difícil, ya digo. Esto se plantea, esta contradicción se plantea mucho más claramente en una persona que tiene ideales morales. Quien no los tiene, no percibe el contraste ¿no?

Esta contradicción en el obrar, se ve más claramente en quien tiene ideales morales. Pues tiene clara la referencia del bien obrar

Porque no tiene tan nítido el punto de referencia. Cuando se empeña en ser mejor, es cuando nota más claramente los fallos que tiene, evidentemente, y esto es una cuestión importante desde el punto de vista de la antropología.

Podríamos decir, que cada hombre, es un poquito doble. Esto está, en la famosa novela de Stevenson, “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, esa persona que por la noche se vuelve un poco exagerado, un poco monstruosa.

“El Dr. Jekyll y Mr. Hyde”

Robert Louis Stevenson (1850 - 1894)

 

O, el personaje del “El Señor de los Anillos” de John Ronald Reuel Tolkien, que se llama Gollum, con todo un mundo interior, que si sí, que si no, que si hace una cosa, que si hace la otra. Bueno, de alguna manera es exagerándolo, lo que le pasa a todo el mundo. Hago el bien o no hago el bien, o hago el mal o no hago el mal.

“El Señor de los Anillos”

John Ronald Reuel Tolkien (1892 – 1973)

 

Este desorden interno, se puede manifestar en tres grados o niveles:

1.- Patológico

2.- Grandes pasiones

3.- Debilidad Moral

 

1.- Patológico: Graves dependencias que se imponen a la voluntad. Hay patologías congénitas o adquiridas. A veces, más o menos adquiridas voluntariamente. Que llega un momento en que se imponen a la voluntad. Y, la persona no es libre. Esto pasa con muchas adicciones. Una persona puede tener, digamos, por un problema, vamos a decir, puramente psiquiátrico; que es una creación que no consigue vencer, ni siquiera domina de ninguna manera. En ese sentido, no es voluntaria. Otras veces, se han podido introducir las adicciones fuertes al alcohol, a la violencia, o al sexo, autodestructivos, que la persona, puede llegar un momento no lo controla, llega un momento que no es voluntario. Quizá tiene alguna voluntariedad en algún caso en cómo se ha originado eso, pero otras veces, una cosa puramente enfermiza, una privación de la libertad. Esto es un misterio, también es, una cosa dura y también, algo que situar dentro de la antropología. Pero, en cierta manera, plantea menos problema humano.

Pero, el problema interesante, son las grandes pasiones que se desarrollan en nosotros, en un segundo grado. Lo primero sería estos impulsos patológicos, dependencias graves.

2.- Grandes pasiones: ¿qué es grandes pasiones?, la ambición del poder o de la fama (que es una pasión que va comiendo, sobre todo si triunfa, los que no triunfan, no tienen esta pasión, las personas que triunfan se les va metiendo), el amor al dinero (también, se va metiendo, hay personas que se les va metiendo la avaricia, “sacra fames auri – la sagrada hambre del oro”, decían los romanos, los latinos), el sexo (no hay que ver la profesión de la pornografía, de pillar y de absorber la conducta), y luego hay cosas que también son naturales y que tienen una gran fuerza, el enamoramiento desmedido (el enamoramiento en sí mismo, es una especie de pasión que enajena un poco, aunque tenga frente a las anteriores que son negativas, puede tener un componente positivo y bonito y, humanamente, también, puede convertirse en algo alocado y en algo completamente fuera de sitio, pero también tiene un sitio humano bonito, pero también es un gran pasión, que  domina), y otra que es importante es el odio (los rencores, que también, es como el amor al dinero, o el amor a la fama, eso también tiene una capacidad de autoalimentarse tremenda, porque va absorbiendo los resortes psicológicos de una persona) …

Decíamos entonces, las grandes dependencias y las grandes pasiones, que pueden dominar a una persona, aunque sin quitarles del todo la voluntariedad, pero que en el fondo él se identifica con esto, las quiere voluntariamente, al mismo tiempo le impulsan, la mueve, pero también las quiere voluntariamente.

3.- Debilidad Moral: Claudicación moral ordinaria; cuando obramos de un modo sabiendo que se debería hacer de otro. Se puede, pero no se quiere. La debilidad moral de cada día, cuando tantas veces, no hacemos, lo que queremos hacer. O al revés, hacemos lo que no queremos hacer. Leía, hace poco, una novela de Mankell, “Los Perros de Riga”, una hermosa novela. Dice, había decidido no probar el alcohol, porque quería tener las ideas claras, pero cuando el camarero se acercó a la mesa, le pedí un wisky.

“Los Perros de Riga”

Henning Mankell (1948 – 2015)

 

Bueno, que típico, lo había decidido 1 minuto antes, verdad, y a continuación, nada. No hay más que ver lo difícil que es guardar un régimen, que a lo mejor nos lo hemos propuesto con toda seriedad, o nos hemos propuesto con toda seriedad, pasear, hacer ejercicio; nada, la pequeña contradicción diaria. Como no estamos habituados de ella, no hacemos un problema, pero realmente, digamos, también tiene su interés antropológico, que seamos tan incoherentes, los seres humanos ¿no?

¿Cómo interpretar todo esto?

Ya hemos enfocado de principio, la idea de que el ser humano, cada uno de nosotros, tiene dentro un abanico de impulsos. Que al mismo tiempo gobernamos con la conciencia, pero que, con la conciencia, podemos dar preferencia a unos u a otros. Y, que hay un grado, quitando las dependencias graves, donde efectivamente una persona está enajenada y donde su voluntad no las puede dominar, pero el resto, hay un grado de responsabilidad, que es difícil de medir.

En la contradicción, en el obrar, salvo en caso de dependencia grave, hay un grado de responsabilidad personal

Con un cierto naturalismo, que ha crecido en nuestra sociedad, se tiende a veces a interpretar todo, como si no hubiera responsabilidad moral, es decir, como si fuera una cuestión puramente, mecánica.

Existe cierto naturalismo, que tiende a reducir la responsabilidad propia de cada acto. Eliminando la carga moral de cada acto.

Si en la física, todo funciona por fuerzas físicas, luego en el ser humano, todo tiene que ser simple. Entonces, a extirpar del ser humano, lo que es propiamente moral. Es decir, la culpa, claro, si yo soy responsable, yo tengo culpa; culpa de lo que hago mal. Entonces, hay cierta tendencia a desculpabilizar, desmoralizar, la vida humana. Se elimina, la responsabilidad, no hay culpabilidad.

Hay cierta tendencia a desculpabilizar, desmoralizar, la vida humana. Se elimina, la responsabilidad, no hay culpabilidad.

Incluso, hay una novela de un autor nórdico, Henrik Stangerup, “El hombre que quería ser culpable”, vendría hacer una reacción contra esto. La trama, que es una trama un poco curiosa, que es un hombre que asesina a su mujer y, entonces, claro, le detienen y, en lugar de condenarle, lo que hacen es llevarle a un sanatorio; pero él llega un momento que dice, no, aquello fue un arrebato, pero al mismo tiempo yo soy responsable; y quiere luchar para ser condenado, porque quiere ser culpable. Piensa que eso le debe a su mujer, lo ha hecho mal, es una cosa grave, y él quiere ser culpable. Bien, efectivamente, es muy difícil juzgar desde fuera, el grado de responsabilidad que puede tener una persona, pero indudablemente tenemos un grado de responsabilidad.

Indudablemente hay un grado de responsabilidad en cada acto que realizamos

En cada persona hay como una línea, en la que todos los días estamos ahí. Entonces, el esfuerzo por mantener el orden moral, por mantener el orden a que damos preferencia a los amores, es precisamente la gran lucha personal, de una persona. Y, es el ascetismo que tenemos que vivir propio, a nivel personal.

El esfuerzo por mantener el orden moral, el orden en la preferencia a nuestros amores, es la gran lucha personal diaria.

Que nos hace más nobles, al decir ascetismo, que querían los clásicos para dominarse a sí mismos. Realmente, que toda persona debe ejercerlo, para realmente ensanchar el campo de su libertad. Solamente con el ejercicio de poner orden, es como la libertad nuestra mejora.

Solamente con el ejercicio de poner orden, es como nuestra libertad mejora

Bien, este un poco el panorama. Hemos dicho que hay que apreciar la herida, esta inconsistencia interior.

Hemos visto los distintos grados en que puede darse, desde las grandes dependencias, las grandes pasiones y la debilidad ordinaria, en la que estamos todos.

Y, después, hemos hablado, de la necesidad de mantener la voluntariedad, y de aumentar la libertad.

Claro, los cristianos en este tema, también tenemos una postura propia, porque pensamos que el hombre está moralmente herido.

Los cristianos en este tema, también tenemos una postura propia, porque pensamos que el hombre está moralmente herido…

es incapaz de vivir bien, todo lo que es la plenitud moral, sino es con ayuda de Dios, que llamamos “La Gracia”.

Y, de alguna manera, es incapaz de vivir bien, todo lo que es la plenitud moral, sino es con ayuda de Dios, que llamamos “La Gracia”. También pensamos, que esta ayuda, Dios la reparte. Dios ayuda a toda persona que quiere ser ayudada. Pero, entonces hay una especie de combate íntimo en cada persona, en lo más interior, muy difícil apreciar desde fuera, y mucho menos de juzgar. Pero, realmente presenta un gran dato antropológico también. El esfuerzo por vivir bien, con estas contradicciones interiores, que toda persona sufre, que toda persona padece, que toda persona experimenta, en la cual él mismo a veces se siente responsable del mal con razón. Y, por tanto, necesita un arrepentimiento.

Es necesario el arrepentimiento, para comprender la culpabilidad de los actos que desordenadamente hacemos

Virtud, lejana en el mundo clásico, arrepentirse y, a veces también, en el mundo moderno, precisamente por ser demasiado naturalista, y no entrar en este extraño y al mismo tiempo interesantísimo fenómeno fundamental del ser humano que es, en el fondo, el combate espiritual, el combate por ser honrado, con sus propósitos, con sus esfuerzos, con sus derrotas, con sus arrepentimientos, con sus mejoras, con su vuelta a empezar.

Este es el tema tan interesante, de la herida de la libertad.



Reloj y Tiempo de Dios

Universal Weather Premium V4 - Inteligencia Satelital
INICIANDO SATÉLITE...
--:--
Conectando red...
--
Procesando datos...
--° | --°
--
Sensación
Térmica
--
Humedad
Relativa
--
Velocidad
Viento
--
Precipitación
Diaria
--
Índice
UV Solar
--
Presión
Atmosférica

Hora Actual San Juan Argentina

Hora Actual en Roma Italia

Hora Actual Jerusalén Israel

Días con obligación de oir la Misa en Argentina

Todos los domingos del año. 1 de enero: Maternidad de la Virgen María. 15 de agosto: Asunción de la Virgen María. 8 de diciembre: La Inmaculada Concepción. 25 de diciembre: Natividad del Señor.

Isaías 58:5,6

5 ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? 6 Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, 7 partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. 8 Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor.

Ley de ayuno y de la abstinencia

Ayuno y abstinencia de carne Miércoles de ceniza. Viernes Santo. Sólo abstinencia Todos los viernes del año. Pero advierte, que puede sustituirse la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por la limosna penitencial, o por una obra de caridad, o por una obra piadosa (Via Crúcis, Santa Misa, Santo Rosario, Visita al Santísimo, Lectura de la Biblia,....). Edad de la obligación La abstinencia obliga desde los 14 años cumplidos. El ayuno desde los 21 años hasta cumplido los 59 años.

Ayuno

Ayuno
Isaías 58:5,6

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

“¿Por qué los tuyos no?”

La Ley judía tenía 613 preceptos que los fieles judíos debían cumplir. Uno de ellos era el referente al ayuno, que los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos cumplían. Al ver que los discípulos de Jesús no ayunaban le preguntaron “¿por qué los tuyos no?”. Este contexto nos lleva a plantearnos el sentido del ayuno y de toda práctica ascética. Sabemos que no tienen valor por sí mismas. Siempre se hacen en vistas a algo. Hemos oído decir a Jesús que el mandamiento primero y principal de la ley para sus seguidores es el amor: amar a Dios, al prójimo y a sí mismo. Así que ayunar y cualquier otra práctica ascética hemos de hacerla en vista al amor, buscando siempre aumentar nuestros tres amores: a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Por eso, si hay una situación donde puedan entrar en colisión el ayuno y el amor… hemos de dejar el ayuno y vivir con más intensidad el amor. Por lo que si hay un motivo de alegría, y de vivir y potenciar el amor, no se puede ayunar. “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?”. Estando con el novio, hay que disfrutar de su presencia y de su amor, entre otras cosas con una buena comida y un “vino nuevo”. No se puede ayunar. Sabemos que el ayuno que agrada a Dios va por el camino del amor al hermano que es la mejor manera de amar a Dios y a uno mismo. Al final de nuestra vida, el Hijo del hombre no nos preguntará por nuestros ayunos, sino por el amor concreto a nuestros hermanos. “Tuve hambre y me disteis de comer…”. (Reflexión: Fray Manuel Santos Sánchez O.P. Convento de Santo Domingo (Oviedo). 16/01/2023. Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/

Consejo Episcopal Latinoamericano

Conferencia Episcopal Argentina - CEA

Litugia CEA

Organización de Seminarios de la Argentina - OSAR

"A continuación, se ha realizado una lista de enlaces a las Webs de las Conferencias Episcopales de distintas partes del Mundo, ordenados por Continentes...aunque esta lista no es exhaustiva"