6, El escandalo del mal
Hablamos en la última clase, del sufrimiento
y la muerte. Y, aunque intentábamos darle sentido, y lo tiene, pero, también,
apreciábamos el componente que tiene, de contraste, de paradoja, de ponernos
ante algo que no podemos del todo resolver.
El sufrimiento y la muerte, sombras de la felicidad, son cuestiones que
no podemos resolver del todo
Bueno, pues, ese mal que tenemos
es más amplio. Es más amplio. Por supuesto que existe el dolor físico, pero
también existe muchísima injusticia en el mundo; también es causa de dolor.
No podemos vivir buscando exclusivamente la felicidad, hay que ser
conscientes del mal que hay en el mundo
No podemos vivir, digamos, bajo
ese impulso de felicidad, que lleva un poco a desear, o pensar o a situarse en
este mundo como si estuviéramos en Disneylandia, en un parque de atracciones;
lo importante es ser feliz; lo importante es pasarlo bien; bueno de alguna
manera eso es verdad. Algo de verdad tiene, hay que pasarlo bien. Pero, también
hay mucha gente que sufre, y eso también hay que planteárselo. Hay mal en el
mundo y, ese mal ¿de donde viene?
Formas del mal en el mundo:
1 – La naturaleza: física del mundo (terremotos, maremotos, sunamis,
aludes, etc) y la nuestra propia (enfermedades).
2 – La injusticia en la sociedad: límites propios de la sociedad
(Desigualdad, desamparo). Conductas antisociales (Violencia (guerras),
corrupción).
Muchísima cantidad de
sufrimiento. Esto, golpea un poquito la conciencia. Y, también, necesita
situarse un poco, porque también es una cuestión. ¿Qué hacemos con el mal?
Hasta el momento, hemos descripto
dos grandes áreas del mal, que ya es una primera aproximación importante, para
darse cuenta. Por un lado, está el mal
físico, que es el mal que nos hace la naturaleza, que, en realidad, no
es que nos haga mal, vamos a decir, voluntariamente, no; es involuntario (un
sunami, un alud, es involuntario). Pero, también está el mal social, cosas que se producen, también, en la sociedad, unas
veces deliberadamente; otras veces, vamos a decir, colateralmente,
sin haberlo pensado. Pero, muchas deliberadamente. Si repasamos la
historia, mucho daño se produce deliberadamente.
Pero, todavía se nos puede
ocultar una tercera forma del mal, distinta de otras dimensiones, que es, el mal en nosotros mismos.
3 – La injusticia en cada persona: tendencias malignas que no acabamos
de extirpar y que se imponen en nuestra conducta.
Un poco de análisis, nos llevará
a compartir con San Pablo, una experiencia que cuenta en la Carta a los
Romanos, donde dice: muchas veces, no hago el bien que quiero, sino el mal que
aborrezco. Infeliz, hombre, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? El
mismo se da cuenta de su propia incoherencia. Muchas veces; y cualquiera que se
analice con un poco de interés, verá esto. Ya, lo estudiaremos con un poco más
detenimiento.
Es verdad, que para verlo hay que
crear una cierta tensión, quien no la tiene, no lo ve. Es decir, el que no
intenta ser bueno, no sabe lo que cuesta y lo difícil que es y las
contradicciones que uno tiene. Si uno, simplemente se deja llevar, no es que no
percibe, cuales son las dimensiones de esto, cómo, hasta qué punto no somos
buenos. Eso, necesita un poco de tensión y un poco de análisis.
El que no intenta ser bueno, no se da cuenta de las contradicciones que
anidan en su corazón
Bueno, ya tenemos de entrada,
tres formas del mal.
Formas del mal en el mundo:
1 – La naturaleza: física del mundo (terremotos, maremotos, sunamis,
aludes, etc) y la nuestra propia (enfermedades).
2 – La injusticia en la sociedad: límites propios de la sociedad
(Desigualdad, desamparo). Conductas antisociales (Violencia (guerras),
corrupción).
3 – La injusticia en cada persona: tendencias malignas que no acabamos
de extirpar y que se imponen en nuestra conducta.
Frente a esto, claro, al mal
presente en el mundo, se podría decir que hay como tres grandes posturas, en
realidad, resumiendo todo.
Teorías del mal en el mundo:
1 – Naturalismo: no existe el mal, existe solo la naturaleza con sus
leyes. Ciertamente, en las tres formas del mal, hay algo de esto, de
naturalismo, es decir, que el mal responde a la naturaleza. Bueno el mal en la
naturaleza es una cuestión puramente física, si se mueve el mar, mueve el mar,
y efectivamente tiene razón. En el ámbito de la sociedad, bueno pues sí, unas
personas funcionan de una manera y otra de otra, pero, en fin, al final lo que
se produce es en cierta manera, natural, también. Y en el caso, interior del
hombre, pues son contradicciones también naturales. Y ciertamente, hay algo de
eso, hay algo de espontaneidad natural y de tendencia natural.
Pero, también, cada ser humano es
cuestionado. ¿Cómo es posible que pase esto? Porque uno aspira a la felicidad,
aspira a la justicia, aspira al orden. Entonces, percibir, que la naturaleza no
se comporte justamente, aunque casi uno lo piensa, entiende que la naturaleza
tiene sus leyes, pero que no se comporte justamente, nos trastorna un poco;
crea, además, un problema teológico, que luego veremos. Y, desde luego, el mal
social, clama al cielo, ¡Cómo pasa esto!... ¡tanta injusticia!, ¡tanto pisoteo,
de unos por otros!, ¡tanto abuso! Bueno, no parece que se pueda trivializar,
tan es así, que hay como una segunda postura.
2 – Maniqueísmo: esta postura, ha atravesado la historia, que hoy
día está presente en la sociedad. Se ve que en el mundo hay un principio del
bien y un principio del mal. Que bien y mal están contantemente combatiendo, y
esto alguna vez, uno como que lo intuye. Yo, tengo la impresión de que los
seres humanos, somos un poquito maniqueos.
La lucha del bien contra el mal, dando al mal, casi un componente “físico”
del mundo
El maniqueísmo era una secta
antigua. Una secta de tipo gnóstica que distinguía un principio del bien y un
principio del mal. Y, todos somos un poco, tendemos a ver quiénes son los malos.
O, separar, malos y buenos. Tema complicado, porque es muy difícil, establecer
una distinción entre malos y buenos. Precisamente es la crítica que se podría
decir del maniqueísmo.
San Agustín, gran autor
cristiano, de finales del siglo IV y principios del siglo V, que había sido
maniqueo. Primero fue bautizado cristiano, por su madre. Él no practico, perdió
la fe y, se hizo maniqueo, pertenecía a la secta ésta. Y, precisamente por eso,
tiene un análisis muy fino, entre el mal, …, primero distinguió, esa distinción
del “mal físico” y de “mal moral”. Y, después, introdujo una nueva distinción;
dijo, bueno, todo lo que existe es bueno, claro, él lo sabía también, porque
creía en un Dios creador, todo lo que existe es bueno, es bueno. El mal, es un
bien al que le falta algo. Un hombre malo, no es una cosa, que es, enteramente
malo; es una cosa buena, un ser humano, pero, que está torcido en algo.
Frente al maniqueísmo san Agustín distinguió finamente lo que es bien y
mal. Precisamente el mal es un bien al que “le falta algo”
Una acción mala, es una acción
torcida en algo. Todo tiene un aspecto de una bondad, torcida, que le falta algo
o le sobra algo, para ser buena.
Entonces, el mal en definitiva
tiene un carácter de ausencia de bien. No es una cosa en sí misma. Precisamente
esto le llevó a superar esta dicotomía: no puede haber un principio del bien y
un principio del mal.
Si el mal es ausencia de bien, no existe el mal absoluto. Por eso no
puede darse la dicotomía “bien contra mal”
No puede haber una cosa
totalmente mala. Lo que existe, como mal, es algo bueno a lo que le falta algo.
Realmente, fue un análisis feliz y al mismo tiempo una superación de ese
planteamiento que, como digo, está un poco soterrado (escondido, guardado), que
lo tenemos un poco, cada uno de nosotros por dentro. Cuando, sin querer o
queriendo, vamos a decir, tendemos a dividir el mundo entre buenos y malos. No puede
ser, no puede ser.
Pasemos, a la tercera posición,
que es la posición cristiana.
3 – Posición cristiana: esta posición, la verdad que se basa en un
relato misterioso, del Génesis. Que es el relato del pecado original. Que habla,
como que, desde el principio el ser humano es un ser pecador, y quien introduce
el mal en el mundo. Sobre todo, el que introduce el mal en el mundo, es el
hombre.
Con el pecado original, quien introduce el mal en el mundo es el hombre
Porque la naturaleza no hace mal,
eso hay que conceder a los naturalistas, la naturaleza, se comporta según sus
leyes, aunque nos puede hacer daño.
La naturaleza no hace mal, no tiene conciencia, se comporta según sus
leyes. Aunque nos puede hacer daño.
Es verdad, que nos llama un poco
la atención a los cristianos, que habiendo un Dios detrás, la naturaleza se
porte mal con nosotros. Pero, la naturaleza en sí misma no tiene conciencia. Y,
la naturaleza no es Dios. No tiene conciencia. Precisamente, al mundo antiguo,
porque confundía la naturaleza con Dios, le llevaba a pensar, en dioses
moralmente raros, o moralmente no buenos. Pero, nosotros los cristianos, no,
creemos en un Dios, que está más allá del mundo. La naturaleza tiene sus leyes,
y, a veces nos hace daño, pero no es mala.
Los que podemos ser malos, somos
nosotros. Y, entonces aquí se plantea una cuestión siguiente, que es, ¿cómo
arreglar al ser humano?
¿Cómo arreglar al ser humano?
Depende de la teoría que se tenga, de cómo se produce el mal
Este, ha sido el motivo de las
grandes utopías. Depende de la teoría que se tenga de cómo se produce el mal en
el hombre, que es la causa del mal. Pues:
1 – Naturalismo: que piensa que, como el hombre es bueno por
naturaleza, el puro progreso hará superar el mal del ser humano. Claro, esto
dominó el siglo XIX, con el progreso fantástico que había, que efectivamente
permitió dominar muchas cosas de la naturaleza, no todas. Pero, al mismo
tiempo, no hacía que los hombres fuéramos mejores.
Esta utopía, se desarrolló con los avances de la ciencia y técnica del
siglo XIX, pero no consiguió hacer mejor al ser humano. Fracasó estrepitosamente
con la guerra mundial.
La primera guerra mundial, con la
catástrofe que fue, de tantos millones de muertos, y habiéndose producido de
una manera tan estúpida, sin que las cancillerías fueran capaces de ponerse de
acuerdo, sobre cómo resolver aquello, causó tantísimo daño. Se llevó por
delante esta utopía del progreso, esta utopía naturalista del progreso.
Pero en cambio no se llevó, las
utopías sociales que intentaban transformar la sociedad, para transformar el
ser humano. Hacer que el ser humano fuera bueno.
Las utopías sociales sí que sobrevivieron. Intentaban transformar la
sociedad para transformar al ser humano. El ser humano es bueno, por
naturaleza, la sociedad lo corrompe
Pensaban, ¿dónde estaba el mal?, mal
pensaban, que el mal estaba en una apropiación de los bienes de producción. Otros,
pensaban (los nazis), pensaban que el mal estaba, en una especie de contaminación
biológica, del pueblo judío. El pueblo alemán, pensaba superarlo a base de
eliminar al pueblo judío. Pues, al final, una utopía sobre el mal, que va a un
mal comportamiento.
Los cristianos, decimos, tenemos
una teoría sobre el mal; tenemos también, una cuestión planteada, como hemos
dicho: ¿Cómo Dios permite el mal?
Para los cristianos, creyentes, que tenemos una teoría sobre el mal, se
nos plantea un dilema: ¿Cómo permite el mal Dios, en el mundo?
El que no es cristiano, siempre
tiene la solución naturalista, las cosas son así porque son así.
A los que son cristianos o a los
que son creyentes, porque creen en Dios, efectivamente se les plantea un
problema, ¿por qué la naturaleza se comporta con nosotros mal?, ¿por qué Dios
no interviene en los males de la sociedad?
¿Por qué la naturaleza se comporta con nosotros mal?
¿Por qué Dios no interviene en los males de la sociedad?
Podríamos decir que hay una
historia, la que Dios es también protagonista, pero Dios intervendrá, cuando
intervenga verdaderamente se acabará la historia. Mientras van pasando las
cosas, con un sentido que no conocemos del todo. Lo conoceremos al final. Los cristianos
pensamos que los que aman a Dios, todas las cosas son para bien.
La historia de la humanidad tiene como protagonista también, a Dios,
cuando intervenga, se acabará la historia. Mientras el sentido de los hechos es
un misterio, lo conoceremos al final
Efectivamente, hay cuestiones, o
dolores, o sufrimientos en este mundo, que nos cuestionan, y entonces uno puede
preguntarse ¿Dónde está Dios?
Al observar y ver grandes sufrimientos en este mundo, naturalmente nos
cuestionamos, ¿Dónde está Dios?
La verdad, es que la pregunta, se
vuelve un poco sobre nosotros mismos. Nosotros somos protagonistas de esta
historia, y cuando observamos el mal, estamos obligados a responder. Cada uno
de nosotros, tiene una responsabilidad ante el mal. Dios ya sabremos como un
día, cómo obrará, pero, Dios espera que obremos nosotros.
Cada uno de nosotros, tiene una responsabilidad ante el mal.
Debemos obrar en consecuencia
Por eso, decíamos al principio,
por eso una persona no puede vivir en este mundo, como si estuviese viviendo en
Disneylandia, esperando ver que atracción le va a resultar más satisfactoria. No.
Efectivamente, hay muchos momentos de felicidad que podemos vivir, pero también
tenemos una carga, algo que resolver, una parte de la carga de mal en este
mundo, que nos toca resolver a nosotros.
Hay una parte de la carga de mal en este mundo que debemos resolver
cada uno de nosotros
Este es un poquito, la panorámica
del escándalo del mal.