Tiempo Ordinario
Color Verde
¿Qué es el "Tiempo Ordinario" en la liturgia de la Iglesia Católica Apostólica y Romana?
En el marco de la liturgia, especialmente en la Iglesia católica, el Tiempo Ordinario (también "Tiempo durante el año") es aquella parte del año litúrgico que abarcan las semanas del año que no corresponden al Adviento, Navidad, Cuaresma ni Pascua.
El Tiempo Ordinario (también "Tiempo durante el año"), comienza con el lunes después del Bautismo de Jesús oscilando entre el 10 y el 14 enero, si el Bautismo de Jesús oscila entre el 8 y 9 de enero, el Tiempo Ordinario comienza el martes después de dicha fiesta, oscilando entre el 9 y el 10 de enero, y se prolonga hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive, que es el día anterior al miércoles de cenizas.
Se reanuda el lunes después del domingo de Pentecostés y finaliza el sábado de la trigésima cuarta semana (34º), oscilando entre el 26 de noviembre y el 2 de diciembre, finalizando el año litúrgico en la víspera del primer domingo de Adviento.
Las fechas cambian cada año, pues se toma en cuenta los calendarios religiosos antiguos que estaban determinados por las fases lunares, sobre todo para fijar la fecha del Viernes Santo, día de la Crucifixión de Jesús. A partir de ahí se estructura el año litúrgico.
Los sacerdotes, en el tiempo ordinario, usa la casulla de color verde en la Misa, (los Diáconos, la dalmática) sobre todo los domingos, a excepción de los días festivos y de los mártires.
Los colores litúrgicos en las vestiduras sagradas pretende expresar, con más eficacia, aún exteriormente, tanto el carácter propio de los misterios de la fe que se celebran, como el sentido progresivo de la vida cristiana en el transcurso del año litúrgico.
El color verde se usa en los Oficios y en las Misas del Tiempo Ordinario. El verde es símbolo de la esperanza, cuando todo florece, reverdece y se renueva. Es decir, el verde se usa durante el año en los domingos que no coinciden con un tiempo especial. También se usa en la semana, cuando no hay ninguna fiesta especial. Simboliza el fruto bueno que Dios espera de nosotros y la virtud de la esperanza, de la frescura y la lozanía del alma.

